Tragué saliva, ella al parecer se dio cuenta también de nuestra cercanía y dejó de curarme la herida, dejé de mirar por un momento sus labios para mirarla a los ojos, se había quedado mirando donde antes había estado pasando la gasa, de repente me miró a los ojos... La intensidad de su mirada era abrasadora, podía perderme en aquellos ojos color chocolate, y no salir de su mirada nunca. Volví a mirarle los labios, si sus ojos eran hipnotizantes, sus labios eran más... Nuestras bocas estaban a escasos centímetros, su aliento fresco rebotaba en mi cara, se pasó la lengua por el labio inferior y esa fue mi perdición... No resistí más tiempo, y recorté los escasos centímetros que nos separaban... Nuestros labios se unieron, al principio un ligero aire de timidez estaba impreso en sus labios, afirme mis manos en su cintura y ella pasó ambas manos por mi nuca para enredarlas en mi pelo, fue entonces cuando ella apartó la timidez y buscó con su lengua la mía, ambas se unieron en una danza como si se conociesen desde siempre. El beso fue aumentando de ritmo de parte de los dos, yo no podía aguantar el ritmo, con cada respiración un fuerte pinchazo afloraba en mi costado, ella al parecer se dio cuenta y rompió el beso, apoyó su frente en la mía y puso sus manos a ambos lados de mi cara, seguía con los ojos cerrados. Yo trataba de calmar mi respiración... Si sólo su tacto era eléctrico imaginar sus besos, era como tocar el cielo unido a sus labios...
-Lo siento...-me dijo mientras se separaba y se ponía a recoger las cosas del botiquín, me levanté y la agarré de una mano, para que dejase de recoger y le dije:
-Tú también lo has sentido?- ella seguía mirando a la encimera, con la otra mano la cogí por la barbilla y le levanté la cara para que me mirase.
-Ehhh sí, pero no era eso lo que quería decir... Yo decía que lo siento que no debería haberte besado... Ha sido un error...- dijo todo esto de una manera rápida, se notaba su confusión en cada palabra que decía, yo le sonreí y le dije:
-Lo siento yo también, yo tampoco debería haberte besado.- me miró como con decepción... A los segundos volviendo a bajar la mirada me dijo:
-Sí, será mejor que me vaya y hagamos como si esto no hubiera pasado...-yo sonreí y negué con la cabeza mientras me cruzaba de brazos.
-No, yo no quiero olvidarlo... Y tú?- levantó otra vez la mirada y me miró confusa, yo sonreí entonces ella me dijo:
-Me he perdido... Dices que tampoco deberías haberme besado, pero no quieres olvidarlo?- la miré divertido, entonces me acerqué más a ella, me incliné como si fuera a besarla, ella cerró los ojos esperando el beso, entonces le dije en un susurro cerca de sus labios:
-Te encuentro, eres una cobarde...- y volví a mi posición anterior, su cara al oírme decir aquello fue de total asombro... No pude evitar sonreír, ella siguió recogiendo las cosas y me dijo:
-Todavía no me has contado lo que te ha pasado.- cambió de tema de manera poco sutil, la miré y le dije:
-Vamos al salón y te cuento.- asintió y fuimos al salón, nos sentamos los dos en el sofá y ella se giró esperando que empezase a contarle, cogí aire y le conté lo que habían venido a hacer Elena y Carlos, su cara era de completo asombro, también le conté que la noche que la llamé había discutido con Elena y seguramente esa fue la causa de mi pesadilla...
-Y eso es todo, ahora estoy sólo.- dije con una sonrisa, ella me miró todavía con cara de asombro y me dijo:
-No me lo puedo creer... Que cara más dura...- yo sonreí y asentí ante su afirmación, ahora me miró seria y me dijo:
-Diego no hace falta que me contestes si no quieres.- yo asentí esperando la pregunta, ella tras pensarlo por unos segundos me preguntó:
-Qué es lo que te pasa en esos sueños para que te levantes en ese estado?- suspiré y me pasé la mano por el pelo, sabía que algún día me iba a preguntar sobre mis pesadillas, pero me costaba bastante hablar de ello...
-Revivo siempre el mismo día. La misma sensación una y otra vez.- ella me miró y me dijo:
-Qué día?- la miré, suspiré y empecé mi relato:
-Es siempre el mismo día, 4 de septiembre, venimos de las vacaciones todos morenos y muy felices, de repente escucho a mi madre que dice "Rodrigo cuidado" luego todos son chirridos, golpes, polvo, dolor y oscuridad, me despierto y veo borroso, lo poco que distingo es que mi madre tiene sangre en la cabeza, la llamo pero no me responde, llamo también a mi padre que tampoco me responde, intento moverme para despertar a mi hermano pero no me puedo mover, le llamo pero tampoco me responde, sigo llamando a mis padres hasta que me arde la garganta, me siento muy solo, empiezo a llorar porque no me responden, tampoco me puedo mover... Sigo llamándolos sin obtener respuesta, de repente tengo frío y me duele la cabeza, me paso la mano por la frente y me doy cuenta que tengo sangre en la ceja, al verlo me desmayo y ahí se termina...- levanté la mirada y vi como se limpiaba algunas lágrimas, me miró y me preguntó:
-Y cuantos años tenías?- la miré y le dije:
-Siete, me faltaba menos de una semana para cumplir los ocho.- me agarró la mano, otra vez esa descarga eléctrica al tocarnos... Me dijo:
-Y que pasó luego?- la miré, al parecer lo quería saber todo... Seguí relatándole:
-Estuve más de un mes en el hospital, los médicos dijeron que había sido un milagro que sobreviviese, me mantenían dormido porque cuando despertaba sólo gritaba llamando a mis padres. Cuando salí del hospital me fui a vivir con mi única tía, la madre de mi prima Mónica, ella fue la que me contó que mis padres y mi hermano habían muerto en el accidente, después de que me lo contase yo dejé de hablar, por mucho cariño que me dieran yo seguía sintiéndome solo, todas las noches revivía lo mismo... Todos en la casa me intentaban ayudar pero en verdad sentían lástima por mí, se les veía en la mirada, eso hacía que yo me siguiera sintiendo sólo, mi tía estaba bastante preocupada, yo me sentía mal por haber ido a empeorarles la vida, me sentía como si fuera un estorbo... Me llevaron a bastantes psicólogos, los psicólogos le aconsejaron a mis tíos que cuando tuviera las pesadillas me dejaran sólo, ellos serían psicólogos pero no tenían ni idea de lo que de verdad necesitaba un niño con 8 años que acababa de perder a sus padres... Con el tiempo volví a hablar, en el colegio ya no jugaba con mis amigos, porque ellos me preguntaban sobre lo que me había pasado, me sentía bastante sólo y así fui creciendo, sólo y triste. Me acuerdo que un día mi tía me cogió y me sentó en el sillón, yo ya tenía 17 años, lo único que llevaba bien eran los estudios, las palabras de mi tía fueron: "Diego pronto te irás a estudiar, tienes decidido lo que vas a hacer?" Yo le asentí y le dije: "Voy a ser arquitecto como mi padre." Ella me sonrió y me dijo: "Diego, cariño te tienes que intentar relacionar con la gente, nosotros no vamos a estar toda la vida, llegará un momento que si no haces amigos te verás solo..." Yo sabía porque me decía eso, con la única persona más joven que me relacionaba era con mi prima y ella llevaba ya tres años fuera estudiando. A partir de su charla fui abriéndome más a la gente, conocí a Christian en el instituto, luego me fui a estudiar y en el tercer año de carrera conocí a Elena, ella era muy distinta a como es ahora... Cuando se la presenté a mi prima noté que no se habían caído bien, yo empecé a distanciarme bastante de mi prima porque siempre que nos juntábamos ella y Elena discutían. Mis tíos habían muerto cuando yo me fui a estudiar, eran bastante más mayores que mis padres. Luego me saqué mi carrera, me vine a vivir a Madrid y ya.- mientras le relataba mi vida había estado pasando el dedo por el tatuaje con forma de tribal de su mano, la miré y ella me miraba con una sonrisa, se la devolví y me dijo:
-Creo que eres la persona más maravillosa que conozco.- sonreí mientras negaba con la cabeza y le dije:
-Eso es porque no conoces a mi vecina.- ella ante mi comentario empezó a reírse, me encantaba verla reír, te contagiaba la alegría aunque no lo quisieras.
-Que idiota eres!.- me dijo, la miré y le dije con una sonrisa:
-Yo idiota, tú cobarde.- me miró desafiante y me dijo:
-No soy cobarde, sólo que desconocía algunos datos...- todavía pienso que dijo esa frase sin pensar, su cara era un poema y yo sólo pude reírme.
-Me lo puedes repetir, es que no te he escuchado bien.-le dije entre risas, ella me miró achicando los ojos y me dijo algo por lo bajo que no conseguí escuchar. Yo sonreí y le dije:
-Cobarde...- ella bufó y me dijo:
-Que no me digas cobarde!- yo sonreí y le dije:
-Sí lo eres, lo eres... Hasta que no se demuestre lo contrario...- me apuntó con un dedo de forma amenazante y me dijo:
-No me digas cobarde!- yo retrocedí un poco ante su dedo y me encogí de hombros, le iba a decir que era broma, pero me dejó callado con un beso, me sorprendió bastante, tardé unos segundos en responderle el beso. Ella escondió sus manos en mi pelo, yo llevé una mano a su cintura y la otra la enterré en su suave melena. Metí mi mano debajo de su jersey, acaricie la piel de su costado, era como seda debajo de mis dedos, por donde pasaba mis dedos su piel se ponía de gallina. Ella dejó mi boca para besar mi cuello, yo aproveché para cambiar de posición, ahora era ella la que se encontraba recostada en el sofá y yo encima, empecé a besar su cuello, subí hasta su oreja, tiré con los dientes delicadamente del lóbulo de su oreja, ella al mismo tiempo tiró de mi pelo para volver a colocar mi boca sobre la suya, sus labios eran el cielo, mientras seguíamos besándonos ella quitó las manos de mi pelo para llevarlas hasta el bajo de mi camiseta y tirar de ella hacia arriba, me quitó la camiseta, sus manos ahora viajaban libres por mi cuerpo, sus labios no daban tregua y los míos tampoco, su respiración estaba bastante agitada, la mía también, eso me producía pinchazos en el costado, pero me había vuelto adicto a sus labios... No podía ni quería separarme de ellos. Sus manos que antes estaban en la zona baja de mi espalda, se movieron hasta mi pelo otra vez, con la mala fortuna que al hacerlo me dio un ligero golpe en el costado, se me escapó un gruñido de dolor, ella rápidamente se dio cuenta, rompió el beso y abrió los ojos de golpe.
-Ouch!- dije.
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