miércoles, 31 de diciembre de 2014

Capítulo 42 - Lucharé.

Por las noches ya no vivía continuamente en una pesadilla, muchas noches me despertaba buscándola a mi lado pero donde únicamente la tenía era en mis sueños, y es que su sonrisa se seguía colando en ellos... Había vuelto a mi rendimiento habitual en el trabajo, pero seguían sin confiar del todo en mi para muchos proyectos. A pesar de que mi equipo me apoyaba y la verdad era un equipo brillante, no nos daban nada más que proyectos de escasa creatividad y relevancia, por más que hemos intentado que nos tomen en serio siguen haciendo lo mismo. Un día que parecía ser como otro cualquiera, Miguel, mi jefe, me citó en su despacho. Abrí la puerta con cuidado y tomé asiento en una de las dos sillas que hay frente a la suya.
-Diego tengo que felicitarte por tu trabajo estos últimos días, es fantástico como siempre lo habías hecho.- asiento con la cabeza mientras una sonrisa de satisfacción se dibuja en la cara de mi jefe.
-Tengo que proponerte una cosa... Es algo que mejorará tu vida... Nos ha salido una oferta de expandir nuestra empresa en Barcelona, obviamente para nosotros esto es fantástico, pero necesitamos a alguien de nuestra entera confianza para que dirija aquella sucursal... Yo te he propuesto a ti, serias el encargado de formar un buen equipo y dirigir la empresa, obviamente tendrías un aumento de sueldo notorio.- todavía no había llegado a asimilar la noticia cuando me pasó una hoja donde estaba escrito el contrato solo esperando mi firma, profesionalmente era una oferta fantástica y una responsabilidad muy grande, no podía tomar la decisión así a la ligera necesitaba pensarlo fríamente.
-Muchas gracias por pensar en mi, es una oferta alucinante, pero necesito pensarlo...- Seguramente se esperaba esa respuesta porque asintió y una sonrisa se dibujó en su cara.
-Tienes hasta enero para pensarlo, entiendo que no quieras tomar la decisión sin antes pensarlo, pero es una buena oferta. Y también he pensado que quizás te venga bien cambiar de aires.- asentí, pero en verdad estaba dispuesto a cambiar de aires? Eso significaría alejarme de mi prima y mis sobrinos, y poner tierra de por medio con Malú, aunque en realidad yo no quería nada de por medio cuando se trataba de ella... Lo tenía que pensar muy fríamente, seguramente alejarme como había dicho Miguel me podía venir bien, pero la verdadera pregunta es si estaba dispuesto a hacerlo. 
-Muchas gracias Miguel por pensar en mi, te prometo que lo pensaré y trataré de darte la respuesta lo antes posible.- Me levanté para salir de su despacho, pero su voz me interrumpió a medio camino.
-Diego que no se te olvide que esta noche es la gala...- joder la gala, se me había olvidado por completo, disimulé lo mejor que pude mi despiste y me despedí volviendo a mi trabajo. 

Estaba esperando a Miguel en mi coche para irnos a la gala, él iba a ser mi acompañante de esta noche. Cuando se subió al coche nos dirigimos hacia el lugar donde se celebraría la gala benéfica, unas chicas nos explicaron lo que debíamos hacer y como lo teníamos que hacer mientras nosotros esperábamos al resto de compañeros... Nos pasaron a todos a una sala donde guardarnos un poco del frío de la noche antes de pasar por la zona donde estaban los medios de comunicación, por lo que se ve la gala iba a ser televisada. Entró un hombre alto a la sala y saludó efusivamente a Miguel, luego se dirigió a nosotros presentándose.
-Buenas noches! Yo soy el culpable del evento, soy el director de mascoteros solidarios, los que nos vamos a encargar de la financiación de la construcción de la residencia que vosotros habéis diseñado... Y me gustaría felicitar al responsable del proyecto, ha venido?- la mirada de todos mis compañeros señalaron hacia mi. 
-Hola! Soy Raúl, un verdadero placer conocerte.- se acercó a mi y me estrechó la mano con entusiasmo, yo le respondí igualmente. 
-Diego, el placer es mío.- después de mi presentación llego la de mis compañeros, y estuvimos preguntándole un poco acerca del proyecto y como iba evolucionando la construcción. 
-Tenemos que esperar a la embajadora de la causa, y entonces iremos hacia donde están situados los medios y posaremos todos juntos para unas cuantas fotos. Luego entraremos, disfrutaremos de la gala y nos iremos a la cena.- nos informó al cabo de un rato, a los pocos minutos de su presentación sonó su móvil y salió fuera para contestar, nos quedamos esperando todos en silencio. Cuando Raúl volvió a la sala no lo hizo solo, la melena chocolate que tanto extrañaba iba con él. El tiempo se paró en ese mismo instante, no me podía creer que estuviera aquí, frente a mí, tan guapa... 



El tiempo parecía que pasaba mucho más lento de lo normal, aunque sospecho que eso podía ser causa de mi embobamiento, no pude evitar sonreír nada más verla y es que estaba preciosa, a ella no pareció pasarle lo mismo, porque aunque su mirada se quedó fija en mí, no supe descifrar su expresión, quizás fuese la sorpresa de verme ahí o que no le apetecía verme, pero Raúl volvió a reclamar su atención y no me dió tiempo a descubrirlo. Fue saludando a todos con dos besos, cuando llegó mi turno y su piel rozó la mía, me invadió de repente su perfume y el impulso eléctrico que me recorría la piel con tan solo su roce volvió a hacerse presente. Aunque tratásemos de hacer que no nos conocíamos nuestros cuerpos nos querían delatar. 
-Muy guapa.- le susurré al oído antes de separarnos, y ella aunque intentó esconder la sonrisa que se había formado en sus labios no lo consiguió. 
Nos dirigimos todos a hacernos la foto frente a los medios de comunicación, y fue involuntario pero acabamos juntos de nuevo, ella a mi derecha posando con una habilidad asombrosa y justo en frente miles de flash que se disparaban sin cansancio. Cuando por fin terminamos de las fotos pasamos al recinto donde iba a ser celebrada la gala benéfica, Raúl nos iba informando de como iba a ir todo más o menos pero yo no le podía prestar mucha atención porque la mujer que llevaba él al lado la requería toda... De lo que sí me enteré es de que al parecer para mi suerte Malú iba a estar con nosotros y con parte de mascoteros solidarios durante la cena, cosa que me alegró inmensamente. La gala comenzó, numerosos cantantes quisieron donar su voz para esta bonita causa, el público estaba feliz con las actuaciones musicales, pero a estas se unieron algunos humoristas para amenizar con algún que otro chiste. Era el turno de la pareja que formaban Florentino Fernández y Dani Martínez, una de las que más risas arrancaba al público.
-Flo, tú sabes de quien es el turno ahora...- el más alto de los dos se paseaba alegremente por el escenario mientras su compañero de quedaba poniendo caras raras en un rincón. El primero aprovechó para sacar uno de sus famosos corchopanes y arrearle a su compañero. 
-Aú!!!- el público estalló en carcajadas.
-Un momento quien has dicho que venía?- Flo se queda mirando a Dani sin saber que le está diciendo este. De pronto una luz ilumina a alguien que está entrando al escenario.
-Vosotros dos es que no pensáis presentarme nunca?- y ahí está, Malú con un micro en una mano y un corchopan en la otra. El público nada más verla enloquece y es que era una de la más querida por el público. 
-Esoo!!! Era Malú!!!- ambos saludan a la artista con dos besos, y Flo le pide el corchopan, se acerca a su compañero y le da fuerte, tanto que se ríen hasta los tres que están sobre el escenario.
-Si es que eres muuuu tooonto!!!!- la risa en esos momentos es general, Malú se está riendo a carcajadas mientras los otros dos se pican entre ellos. 
-Bueno señoras y señores! Con todos ustedes Malú!- al final es presentada al unísono por ambos cómicos que abandonan el escenario para dejar la actuación de Malú, que os aseguro que es una de las mejores, el público es suyo desde la primera palabra, y termina la canción y se los lleva a todos para siempre. La gala terminó con su actuación y nos dirigimos todo a un famoso hotel de Madrid donde se iba a celebrar la cena, ya como un evento privado, sin medios de comunicación. 
Al llegar allí nos dirigieron a todos a nuestra mesa, al parecer íbamos a estar compartiendo mesa nuestra empresa, con mascoteros solidarios y la embajadora. Para mi mala suerte Lucas, mi compañero de trabajo, se sentó un lado de Malú, y al otro seguía estando Raúl. Nos sentamos todos en nuestra mesa esperando a que el resto de gente hiciera lo mismo, y comenzar la cena. 
-Oye Raúl, sé que tuviste varios proyectos entre manos, me gustaría saber qué fue lo que te hizo quedarte con el nuestro?- la pregunta de Miguel me hizo prestar atención automáticamente, la verdad me interesaba porque nuestro proyecto había sido el elegido. 
-Es simple, Diego fue el único que pensó antes en los animales que en el dinero... Los otros proyectos que ví también eran muy buenos pero todos eran semejantes en ese aspecto, las zonas habitadas por perros se reducían notablemente para abaratar el coste de la construcción, Diego fue el único que obedeció nuestra petición de bienestar para los animales dándole a esas zonas los metros suficientes...- asentí orgulloso, mientras enlazaban otra pregunta de la que me despisté porque mi vista se dirigió a Malú, que me miraba con una gran sonrisa y pude ver en su mirada algo, que no llegué a descifrar del todo pero me pareció orgullo. 
-Si se va le vamos a echar de menos...- opinó mi amigo y compañero Juan, pero no sabía sobre que hasta que vi todas las miradas centrarse en mi, incluso la de ella que al parecer si había estado pendiente de la conversación y me miraba con sorpresa e incluso por sus ojos se podía ver una pizca de temor... ¿De verdad le preocupaba si me iba?
-Eso es algo que no está decidido.- mi voz sonó algo seria deseando que cambiasen de tema.
La cena transcurrió en una animada charla, en la que yo me limitaba a hablar, sonreír o asentir cuando me tocaba, no paraba de darle vueltas a la expresión de Malú cuando habían dicho que posiblemente me fuese, que habría pasado por su cabeza, que pensaría? Acaso le importaba? Necesitaba tantas respuestas y lo peor es que no podía conseguir ninguna. La cena finalizó pero se abrió la barra y dieron un tiempo para empezar la subasta de los objetos que algunas tiendas, personas... Habían donado. Perdí de vista a Malú durante bastante tiempo, la subasta comenzó y fue un gran éxito, se consiguó recaudar lo suficiente para la financiación de todo el proyecto, incluso se podían hacer más de una. Después de la subasta algunas personas se fueron y otras siguieron ahí disfrutando de la música y tomándose algo, yo necesitaba encontrar a Malú y hablar con ella... Estaba seguro que no nos íbamos a encontrar por casualidad muchas veces más, teniendo en cuenta que estaba seguro de que ella me evitaba... La ví salir a un pequeño balconcito, lo que supongo que sería la zona de fumadores, y sin pensármelo dos veces la seguí.
Al salir al balcón el frío de la noche chocó fuertemente contra mis pulmones, ella estaba justo delante con un cigarro mirando la noche madrileña.
-Entonces te vas?- se dió cuenta de mi presencia, me apoyé en la barandilla a su lado y la miré, al parecer si le importaba si me iba o no.
-Aún no es seguro... Pero si tú me lo pides me quedo...- le respondí con toda la sinceridad del mundo, ella volvió a mirar al frente sin decir palabra, al parecer no quería decir nada más.  
-Malú te quiero pedir una cosa... Me gustaría que me digas lo que realmente piensas sobre esto y lo que sientes por mi, necesito saberlo...- en mi voz se podía oír la súplica, la verdad necesitaba saberlo de una vez por todas... Se giró hacia mi y un gran suspiro escapó de su boca.
-Vale, está bien... Vas a saber toda la verdad, sin rodeos... Porque ya no puedo aguantarlo más...- su voz tembló ligeramente al final de la frase y sus ojos estaban cristalinos, yo aguanté la respiración sin creerme que por fin lo fuese a escuchar...
-Creo, que la oferta de irte a Barcelona, es algo muy bueno para ti profesionalmente, te va a hacer crecer y mejorar...- no dijo nada más, simplemente se giró de nuevo a la fría noche respirando profundamente. La aplaudí por sus palabras, por haber sonado tan convincente en un principio para no decir nada, cosa que hace que se gire de nuevo a mi, me vuelve a mirar, con los ojos aguantando miles de lágrimas. 
-¿Por qué me aplaudes?- su vista se fija en algún punto del suelo, y sé por sus ojos aguados que no está siendo sincera.
-Porque eres una actriz de primera, Malú, porque no sé si me mientes ahora como una bellaca cuando interpretas ser la amiga perfecta o si me mentías hace un segundo cuando me asegurabas con un nudo en la garganta que me ibas a contar toda la verdad... Que Malú es la real?- no puede aguantar ya la rabia que sentía por dentro, porque seguía ocultándose de esta forma, yo le he hablado siempre con la verdad y ella siempre me ha salido por las ramas.
-Ninguna...-su voz seguía temblando ligeramente mientras mantenía la lucha consigo misma para no derramar ni una sola lágrima. 
-No, no me lo creo... Pero por favor, Malú, se me acaba el tiempo para descubrirte así que por ultima vez dime algo a lo que me pueda agarrar...- la ví dudar durante algunos segundos pero evitó mirarme en todo momento, se giró de nuevo hacia la noche que se da bajo nuestros pies, inconsciente totalmente de lo que pasa unos metros más arriba...
-Creo que alejarte de todo esto te va a venir bien...- apreté los dientes para evitar decir algo que en realidad no sentía, pero que en ese momento se me pasó por la cabeza, porque no podía ser sincera conmigo por una vez...
-Que difícil lo pones todo, no, que difícil que eres!- me giré para irme del balcón, enfadado conmigo mismo por intentarlo una vez más, pero sentí su mano agarrando la mía y me giré de nuevo.
-Diego, una cosa, prométeme que serás feliz.- su voz era más una súplica que una petición, solté mi mano de su agarre porque en ese momento no podía soportarlo, era demasiado doloroso.
-Lo intentaré...- me giré para salir del balcón y ella volvió su atención a la noche, me quedé justo delante de la puerta, sin atreverme a irme del todo del balcón donde estaba mi ultima esperanza, porque si no funcionaba me iba a ir a Barcelona. Respiré profundamente para aclarar mi mente y me giré de nuevo hacia ella, cuando estuve a su lado imité su posición. La vi temblar ligeramente, así que me quité la chaqueta y se la puse sobre los hombros.
-Gacias...- su voz fue un susurro y la ví limpiar algunas lágrimas que habían conseguido escapar de sus ojos.
-Malú no voy a ser padre...- decidí soltarlo sin andarme con rodeos, cosa muy distinta a lo que hacia ella.
-Ya lo sabía...- la miré asombrado por su respuesta. 
-Entonces, ¿por qué luchas?- mi voz sonó bajita, tanto que casi creí por un momento que no había dicho nada pero ella me confirmó que las palabras habían salido de mis labios, me miró y sus ojos se clavaron en los míos con una intensidad abrumadora, su semblante seguía serio cosa que no ayudaba con la confusión que sentía yo en esos instantes, volvió su mirada al horizonte. Cuando ya pensaba que no iba a decir nada suspiró pausadamente y volvió su cara hacia mi.
-Lucho por callarme, no decir nada... Pero ya me he cansado de luchar, es imposible, esto que siento cada vez que te tengo cerca me quema, me hace querer tirarme en tus brazos...- hizo una pequeña pausa para respirar profundamente antes de continuar, yo no me podía creer lo que estaba escuchando, por fin...-Desde el primer día que nos vimos, sí en esa situación tan límite, cuando me tocaste para esconderme supe que tú eras diferente, y desde ese momento me hice adicta a ti... Luego te fui conociendo y cada vez me gustabas más, y más... El otro día cuando te pedí que no me buscaras más, no quise escucharte porque sabía que tenías algo importarte que decirme respecto a nosotros, y si lo escuchaba mi cuerpo me traicionaría... Y ahora no puedo hacerte cambiar de opinión respecto a tu futuro... Es como si algo siempre nos impidiese estar juntos...- sonreí como un auténtico idiota, por fin había conseguido tirar las barreras, por fin me estaba hablando directamente desde el corazón... No me importaba nada cambiar mi futuro para que ella estuviese en él.-Y supe el otro día que tenías algo que decirme porque he aprendido a leer tus ojos con gran facilidad, sé en muchas ocasiones lo que pasa por tu cabeza aunque tú no lo digas... Y esto nunca me había me había pasado... La conexión que tenemos es tan intensa que me da miedo... Me asusta cuando por tu culpa me tiemblan hasta las pestañas, cuando me miras y me sonríes, así como lo estás haciendo ahora, y un gran calor me invade todo el pecho... Nunca antes había sentido nada así, y eso me asusta... Me he enamorado de ti y no tengo ni idea de lo que debo hacer...- me miró esperando mi respuesta, yo estaba que no cabía en mi de tanta felicidad.
-Por favor no luches contra lo que sentimos.- me moría por abrazarla contra mi y fundirme en sus labios, pero no podía hacerlo, estábamos en público y aunque el balcón nos daba la privacidad suficiente para hablar tranquilamente sin que nadie nos interrumpiese dudo mucho que los cristales pudiesen ocultarnos de la gente.
-Aún no entiendo que estés enamorado de mí, no tengo ni idea de como has soportado todas las veces que te he rechazado...- sonreí mientras me encogía de hombros, ella me miraba culpable.
-Te quiero Malú, y eso es lo único que importa, puedes rechazarme mil veces que mientras yo sienta que tu sientes lo mismo lo voy a seguir intentando... Ahora mismo estoy en una nube, no puedo creerme aún que estés enamorada de mí.- su sonrisa se hizo inmensa en la oscuridad de la noche.
-Diego cualquier persona con dos dedos de frente se enamora de ti, porque aunque la vida ha tratado de derrumbarte en infinitas ocasiones tú siempre has seguido en pie, luchando... Y eso es una de las cosas que más me gustan de ti, me has enseñado que no hay que derrumbarse sino luchar.- ya no quedaba rastro de las lágrimas anteriores en sus ojos y hablaba con tanto entusiasmo que me hacía derretirme por dentro. 
-Me crees si te digo que me he derrumbado por ti?- su mirada dejó de brillar con el entusiasmo de antes, iba a seguir hablando pero me cortó. 
-Ves, eso es a lo que me refiero, me asusta no saber que hacer y terminar haciéndote daño. Si hay algo que me dije a mi misma desde el principio es que nunca te iba a hacer daño, y mira, ha sido lo primero que he hecho... Te mereces a alguien que no la cague constantemente.- negué con la cabeza y me acerqué ligeramente a ella colocando mi mano es su brazo, poco me importaba en ese momento el resto de la gente, no podía dejar que ella pensase eso. 
-No tienes que tener miedo de cagarla... No somos perfectos, tenemos fallos como cualquier persona... Yo también la he cagado, te debí decir mucho antes que me había enamorado de ti, pero me pudo el miedo... Ambos la hemos cagado, ninguno de los dos sabemos como hacerlo, pero por eso no debemos dejar de intentarlo... Estoy dispuesto a equivocarme mil veces contigo mientras estemos juntos.- Se lanzó a mis brazos y me abrazó muy fuerte, yo la abracé de la misma manera, la había echado tanto de menos... 
-Nos van a ver...- mi voz apenas era audible y me odie a mi mismo por romper este momento, pero no podíamos arriesgarnos.
-Diego sácame de aquí, por favor.- sonreí y dejé un beso en lo alto de su cabeza antes de soltar el abrazo. 
-¿Has traído coche?- negó con la cabeza y me devolvió mi chaqueta, me la puse y asentí. 
-En diez minutos te espero en el parking.- Salí lo más rápido que pude, y más feliz que nunca... Por fin había conseguido que se sincerase conmigo, porque aunque muchas veces nos cueste, o nos duela, tenemos que seguir luchando por lo que queremos... Porque rendirse no está permitido y luchar es obligatorio, que la vida no va a entender que nos rindamos, tenemos que seguir luchando con ella, porque en momentos te demuestra que puede ser maravillosa... Hay que ir haciendo esos momentos únicos y eternos, porque perduraran para siempre con nosotros... Podemos tener días malos y días mejores pero hay que saber que la vida no nos lo va a poner fácil, cuando peor os sintáis tenéis que agarraros más fuerte a vosotros mismos, para salir adelante... Porque vosotros sois los verdaderos luchadores! Porque no vale la penar vivir sin luchar por nuestros sueños, y aunque la batalla sea dura, fea, parezca que no tiene fin o no veas una luz que te ilumine el camino debemos seguir adelante, con valentía y sobre todo con amor.

viernes, 26 de diciembre de 2014

Capítulo 41 - Sobrevivo.

La vibración de mi móvil en la mesita de noche trataba de arrancarme de un sueño donde seguramente se estaba muchísimo mejor que lo que me esperaba realmente, pero mis párpados pesaban demasiado como para abrirse en ese momento... Al molesto ruido del móvil se le unió el del timbre de mi casa,  abrí los ojos de golpe con la vaga esperanza de que fuera alguien que seguramente no fuese, y bajé lo más rápido que mi adormilado cuerpo me lo permitió. Nada más abrir la puerta me di cuenta de que no era ella, mi prima se quedó mirándome mientras fruncía el ceño y supe en ese mismo instante que me iba a regañar por algo.
-Que haces todavía dormido?- busqué un reloj rápidamente pero no encontré ninguno, ella sacó rápidamente su móvil y me enseñó la hora, después de ser cegado momentáneamente por el brillo de la pantalla, conseguí descifrar los números, 14:38 !!!! Que hacía yo dormido a estas horas??? 
-Por si no te acuerdas habíamos quedado para comer y luego ir a mirar lo de tu ropa.- me reprochó mientras miraba atentamente por toda la sala.
-Joder, lo siento Mónica...- me disculpé mientras ella me miraba de manera comprensiva. 
-¿No estarás con nadie, no?- su voz sonó con un tono pícaro que me hizo sonreír amargamente, ojalá pensé pero únicamente me limité a negar con la cabeza.
-Venga, porque no hacemos una cosa, tú ve a vestirte mientras yo voy preparando algo para comer.- dijo esto y se fue derecha para la cocina, si algo tenía claro era no cuestionar las decisiones de Mónica, así que obedecí y me metí en la ducha, salí lo más rápido posible, arreglé la habitación y me vestí, no me compliqué mucho, unos vaqueros algo viejos, un jersey gris y luego cogería mi chaqueta de cuero negra.
Cuando bajé a la cocina ya lo tenía todo listo, me hizó una señal con la cabeza para que me sentase y eso hice. Pusó los platos con la comida en su sitio y se sentó frente a mi, seguía con una expresión seria en su rostro y no era muy habitual.
-¿Diego me vas a decir por qué demonios estabas acostado aun?- su tono era sorprendentemente calmado, me esperaba algún reproche, pero no.
-No me mires así, sé que ya eres mayorcito para hacer lo que quieras con tu vida... Pero piensas que esto que estás haciendo es lo mejor? Te has visto la cara? Crees que son normales esas ojeras? Eres totalmente diferente a hace unas semanas... ¿Que es lo que pasa Diego?- suspiré audiblemente mientras bebía un poco da agua y ganaba tiempo para saber que decir. Era consciente de que estos últimos días estaba siendo un auténtico zombie, no salía nada más que para ir al trabajo, e iba del trabajo a casa sin ningún tipo de entusiasmo. Estaba agotado tanto mentalmente como físicamente, la vida no me daba una pequeña tregua para pensar... Me encogí de hombros mientras mi prima me daba una mirada comprensiva.
-Ese es el problema, que no sé lo que me pasa... Estoy cansado de todo esto... Es como si nunca pudiese llegar a ser del todo feliz, justo cuando lo estaba consiguiendo, cuando parecía que mi vida estaba cogiendo por fin un rumbo, llega de nuevo Elena y lo jode todo...- suspiré de nuevo, mi prima me agarró la mano suavemente dándome su apoyo.
-Gracias...- susurré mientras dejaba un beso en su mano, su sonrisa se hizo aun mayor y sus ojos brillaron con peligro.
-No hay nada mejor para cuando se está deprimido que ir de compras!!- negué con la cabeza divertido, mi prima y compras en la misma frase era un peligro muy grande... Terminamos de comer en una animada charla, y me iba sintiendo cada vez un poquito mejor. 

Nos dirigimos al centro comercial, a vivir una "GRAN" tarde de compras, pasábamos de una tienda a otra sin descanso, me hacía probrarme diferentes cosas una y otra vez, nada terminaba de convencerla, pero aún así las bolsas se iban acumulando en mis manos... Era ya una de las últimas tiendas que nos quedaba por visitar y seguíamos sin encontrar un atuendo que nos agradase para la gala. Entramos y volvió a repetir la misma acción que hacía en todas las tiendas, seleccionaba un montón de ropa y me mandaba al probador con ella... Cuando me había cambiado, salí de nuevo del probador con otro modelito más... Ya había perdido la cuenta de cuantos llevaba, pero creo que este me gustaba, aunque en un principio había puesto mala cara por la pajarita, tenía que reconocer que era bonito.



-Por fin!!! Lo hemos encontrado!!!- sonreí ante la repentina alegría de mi prima, hice la mejor pose que sabia para que mi prima terminase de observar el conjunto.
-Me encanta, creo que ya lo tenemos! Hemos terminado Diego!- suspiré aliviado de que no hubiese encontrado ninguna pega y salimos de la tienda con más bolsas aún. 
-Bueno y que hacemos ahora? Te invito a tomar algo.- la verdad no me apetecía para nada volver a mi casa, creo que Mónica me entendió porque sonriente empezó a enumerar un montón de cosas que podíamos hacer, pero antes que nada fuimos a dejar las bolsas al coche. 
-Que te parece si nos tomamos un chocolate caliente? Y luego me ayudas con algunas compras de Navidad.- me apetecía muchísimo sentarme, pero lo de seguir de compras... 
-Lo del chocolate me parece perfecto, pero lo de seguir de compras... No has tenido ya bastante?- su sonrisa se hizo mas grande aún mientras entrábamos en un muy concurrido Starbucks.
-Sabes de sobra que no, pero sé que te va a gustar ayudarme, son los regalos para los peques...- sonreí y es que no podía negarlo me encantaba comprar juguetes, y sobre todo probarlos.
Cuando pedimos nuestro chocolate nos sentamos en una pequeña mesa, a disfrutar de nuestra bebida.
-Diego, sabes qué?- no me dejó contestar, ella continuó hablando.- me tienes muy intrigada, desde que me dijiste que estabas enamorado... Quién es?- tragué saliva con dificultad, no me esperaba que sacase ahora este tema...
-Es mi vecina, no la conoces...- traté de dejar zanjado el tema pero mientras hubiese chocolate en su vaso no iba a dejar de preguntarme.
-Pero como es? No seas así hombre, cuéntame algo...- su tono sonó divertido, sé que no lo hacía para molestarme ni nada, ella y yo siempre nos lo habíamos contado todo... Pero que le decía? Que me había enamorado de Malú, de la mujer que estaba ahora mismo en boca de todo el mundo, que sonaba en todas las radios, que arrasaba en todos los premios? No podía decirle eso...
-Enséñame por lo menos una foto, Sergio me ha dicho que es muy guapa, y confío en el buen gusto de mi niño, pero me gustaría comprobarlo...- sonrió dulcemente, mientras yo neguaba con la cabeza.
-No tengo fotos de ella.- mentí torpemente mientras le daba un trago a mi bebida, ella me miró no creyéndome nada de lo que decía, así que decidí empezar a hablar para tener alguna salida de esta conversación. 
-A ver... Que te cuento de ella? Pregunta y yo te digo.- su sonrisa volvió a hacer acto de presencia y se puso a pensar mientras le daba vueltas a su vaso.
-¿Por qué sabes que estás enamorado? Digo antes también creías que lo estabas de Elena...- suspiré, y como le contestaba yo a eso? Llevaba toda la razón, siempre había creído estar enamorado de Elena, pero lo único que hubo entre nosotros fue cariño... Con Malú todo era diferente, un simple gesto me hacía sentir vivo, grande, más de lo que nunca me había sentido.
-Mmm... No sé, es algo difícil de explicar, se siente por dentro... Yo solo sé que cuando la tengo a mi lado, me late más rápido el corazón, me siento más vivo... Me he dado cuenta de que cualquier cosa que haga vale la pena si la hace sonreír... Me pongo nervioso como un adolescente cuando la tengo cerca... Que me encanta su forma de ser, siempre buscando el lado bueno de las cosas, enfrentándose a todo con un sí... Me encantan todas sus manías, como esa que hace casi inconscientemente, de plantar siempre el pie derecho el primero nada más levantarse de la cama... Me gusta cuando ríe, cuando llora, cuando baila, cuando salta, cuando habla o cuando calla... Me gusta todo de ella, podría pasarme así hasta mañana.- terminé la frase con una sonrisa en mi cara, inevitablemente mi mente voló a todos los ratos que habíamos compartido, y esto era algo muy intenso y profundo para solo ir por una parte.
-Que bonito!- la voz de mi prima me devolvió de nuevo al ahora, la miré sin entender su respuesta.
-Que que bonito como sientes por ella, te brillan los ojos y se te pone una cara de idiota tremenda.- soltó una risita al final de la frase a la que me uní, no podía desmentir algo que era cierto.
-Pero entonces que? Estáis o no juntos?- negué pesadamente con la cabeza, si me paraba a pensarlo fríamente nunca habíamos estado juntos, ninguno de los dos vimos necesario tener que ponerle nombre a lo que había.
-No, no lo estamos... Y en verdad creo que nunca lo estuvimos... Nunca nos sentamos a hablar de que era eso que había entre nosotros, quizás por miedo, por cobardía...- mi prima asintió con la cabeza entendiéndome, y yo clavé la vista en el vaso que había entre mis manos, pensando en que si tal vez me hubiese atrevido a tener esa conversación con ella quizás todo estaría bien, no de esta forma tan extraña.
-Y que vas a hacer?- me encogí de hombros pensando en una respuesta, la verdad no sabía muy bien que era lo que me tocaba hacer ahora.
-Nada, ya lo he intentado varias veces... Y en todas ellas me ha dejado muy claro que si había algo ya no puede haberlo, y es que lo peor es que se sigue pensando que voy a ser padre, no me dejó explicárselo, prefirió decirme que lo mejor era mantenernos lejos el uno del otro... Y en verdad aunque quiera intentarlo, aunque me muera por hacerlo, me lo dejó muy claro... Ahora lo que me toca hacer es seguir con mi vida, con mi trabajo, no me queda de otra.- su mano agarró la mía dándome un suave apretón, sonreí mientras le agradecía con la mirada.
-Si eso es lo que has decidido... Pero déjame que te dé un consejo, asegúrate bien de lo que estás haciendo, porque por lo que me estás diciendo la quieres de verdad, piensa que si no luchas por lo que quieres vas a tener que resignarte a vivir sin ella... Piénsalo fríamente, analiza bien la situación, date un tiempo para pensarlo, pero no hagas algo de lo que mañana te puedas arrepentir solo por un impulso... No dejes que te hagan daño... Pero no te resignes a vivir sin amor... Sabes que hagas lo que hagas siempre te voy a apoyar, pero no quiero tener que recoger los trozos que dejen de ti, como esta tarde cuando he ido a tu casa...- sonreí mientras pasaba un brazo por sus hombros y la abrazaba contra mi, no me podía explicar como había sido tan tonto...
-Muchas gracias por todo, te quiero mucho prima.- su risa llegó a mis oídos y terminamos de una vez con nuestras improvisadas confesiones y fuimos a encargarnos de los regalos de los peques... 
Pasamos lo que quedaba de tarde entre juguetes, ropa diminuta y más juguetes, y a mi que no había cosa que más me gustase que trastear esas cosas.
-Ooh acabo de encontrar mi regalo para Sergio!!!- miré a mi prima emocionado, me giré del todo para dejarle ver lo que tenía entre manos. 
-Diego, de verdad... Eres peor que Max... A Sergio ahora mismo le dan igual esas cosas, es demasiado pequeño como para entender que es eso...- me encogí de hombros y mi prima no pudo evitar reírse, era mi sobrino y mi misión como tío era malcriarle.
-Empieza a comprarle esas cosas ya, que luego cuando sea más grande te las pedirá él... Entonces te arrepentirás de haberlo hecho...- reí mientras buscaba la talla del niño, vino una dependienta a ayudarme, era una chica bastante joven, de unos 23 años.
-¿Le puedo ayudar en algo?- por su tono de voz deducí que estaba tratando de ligar conmigo, escuché la risa de mi prima a mi lado y noté como se iba, no sé que le veía ella de gracioso a esto, yo le encontraba una situación muy incómoda.
-Sí por favor, necesito esta camiseta para un niño de 4 años.- se dio la vuelta y entró en la trastienda a buscar lo que le había pedido, miré de nuevo a mi prima que estaba en la otra punta de la tienda y me miraba muerta de la risa. La miré enfadado, y la dependienta volvió otra vez a mi lado.
-Aquí están, cual de los tres modelos prefieres?- me daba la sensación de que la chica estaba demasiado cerca de mí, me moví ligeramente mientras observaba las camisetas.



-La blanca, por favor.- asintió sonriente mientras dejaba las otras dos a un lado y me llevó hasta un mostrador. 
-¿Quieres que le pongamos el nombre?- asentí con la cabeza.
-Sí, pongan Sergio.- la chica asintió, mientras lo apuntaba rápidamente en un papel.
-¿Y el número?- obviamente si le ponía el nombre le tenía que poner un número, pero cual escogía? Miré por la tienda buscando a mi prima, pero no la encontré... 
-El 4.- la chica asintió y desapareció momentáneamente, por que había elegido el 4? Posiblemente era un número de los que menos me gustaba...
-Tienes que esperar un momentito hasta que mi compañero termine de serigrafiar la camiseta...- asentí y busqué a mi prima con la mirada, pero no conseguí localizarla.
-Y para quién es la camiseta?- me preguntó la dependienta de manera casual mientras jugaba con un mechón de su melena rubia entre sus dedos. 
-Para mi sobrino.- traté de no sonar muy borde, pero no me apetecía nada contarle mi vida a la dependienta que estaba tratando de mantener una conversación conmigo.
-No tienes hijos?- negué con la cabeza mientras rezaba porque el compañero terminase su trabajo de una vez por todas.
-Le falta mucho a su compañero, es que tengo un poco de prisa.- no quería parecer mal educado pero la verdad no tenía ganas de tener que hablar con esta chica. La chica se apoyó en el mostrador haciendo que sus pechos casi se saliesen de la pequeña camiseta que llevaba, miré hacia otro lado rápidamente, me parecía que la muchacha no tenía la necesidad de hacer eso...
-Es una lastima que tengas prisa...- su voz intentó sonar seductora mientras me miraba de arriba a abajo. Se estaba volviendo una situación realmente incómoda, sonreí forzadamente mientras rezaba en mi interior para poder irme ya. Por suerte, al parecer alguien escuchó mis ruegos y de la trastienda salió un chico con mi camiseta, sonreí en ese mismo instante agradeciéndole al chico internamente.
-¿Lo quieres para regalo?- la chica volvió a llamar mi atención, asentí con la cabeza y mientras le pagué al chico la compra. Salí lo más rápido posible de la tienda y busqué a mi prima que me miraba divertida mientras me esperaba.
-¿De que te ríes? A mi no me hace ninguna gracia, me has podido ayudar...- aunque intenté parecer dolido no lo conseguí, porque ver como por aguantar la risa su cara se iba poniendo cada vez más roja me causaba mucha diversión. 
-Deberías haberle hecho caso a la chica, no todos los días se te presentan oportunidades así...- la miré de mala gana, ella se enganchó a mi brazo mientras andábamos.
-Me he sentido realmente incómodo... No entiendo porque ha tenido que hacer eso...- la risa de mi prima era un sonido que me hacía sonreír automáticamente pero también me hacía acordarme de Malú... ¿Qué estaría haciendo ahora? ¿Me echaría tanto de menos como yo la extraño a ella? Me gustaría poder verla y saber que está bien... Me encantaría que todo fuese como antes, poder abrazarla y dejar un beso en el tope de su cabeza, dormir con ella en mis brazos, reírnos el uno del otro y terminarlo todo en un juego de besos, o simplemente tenerla a mi lado, poder escuchar su risa, oír su voz... La voz de mi prima me saca de mis pensamientos devolviéndome a la realidad, por lo que se ve me estaba diciendo algo y esperaba una respuesta...
-Diego me estabas escuchando?- niego con la cabeza sintiéndome ligeramente culpable, ella sonríe resignada.
-Mejor nos vamos a casa, porque pareces estar muy cansado.- asiento, y sé que como la mayoría de veces ha acertado lo que estaba pensando.
Damos por finalizado este largo día de compras, al salir del centro comercial la temperatura es bastante más fría que cuando entramos, nos montamos rápidamente en el coche y mi prima pone rumbo a mi casa, me entretengo durante todo el viaje en mirar por la ventanilla y perderme dentro de mis propios pensamientos... La verdad hablar con mi prima sobre el tema me ha ayudado mucho, muchas veces solo necesitamos que alguien nos oiga y nos brinde su apoyo, eso en muchas ocasiones funciona mucho mejor que un consejo. La charla me había ayudado a darme cuenta de que no puedo seguir perdido dentro de mi propia vida, tengo que encontrarme y seguir adelante, lo que se quedó atrás es porque ese era su sitio y aunque me jodiese muchísimo Malú se estaba quedando atrás... Aunque había algo que tenía muy claro y es que aunque yo consiguiese dejarla atrás, seguir mi vida sin ella, el que tenía la certeza de que no lo haría era mi corazón. Este la tendría presente siempre, y mientras fuese así seguiría extrañándola como hasta ahora.



domingo, 14 de diciembre de 2014

9. Casualidades.

Es mi madre, abro la verja de entrada y espero a que llegue a la puerta, cuando lo hace nada más verme me saluda con dos besos y entra en busca de su nieto.
Mientras ella da de merendar a Jaime yo preparo un té para ella y para mi un colacao y esque no me gusta abusar del café. Lo sirvo y pongo unas galletas y bollos para acompañar. Meriendo con mi madre en una charla muy animada, me cuenta que esta noche ha quedado con unas amigas y van a salir a cenar, le digo que me parece genial y que se lo pase muy bien.
-Bueno hijo ya me voy que si no no me da tiempo a arreglarme.
-Vale mama- le digo mientras la acompaño a la puerta- pero a ti no te hace falta arreglarte eres la más guapa- le planto un beso en la mejilla. Ella ríe y me responde.
-Que encanto!!! - y mientras me dice esto me tira del moflete. Río porque me recuerda a cuando era niño.

Paso hacia mi casa y veo a Jaime que del amor incondicional con su oso ha pasado al odio ya que ahora le zarandea de un lado a otro sin ningún sentido, me río y miro la hora, no son más de las 19:15 así qué decido salir a pasear un rato ya que a Jaime le hará bien tomar el aire, y porque hay un parque detrás de la urbanización. Le pongo su cazadora y su bufanda porque hoy hace frío. Me pongo yo una cazadora color gris verdoso un pañuelo y un gorro de punto, ya que gracias a mi niño tengo unos rizos alborotados. Monto a Jaime en el carrito y salimos hacia el parque.
Vamos dando un paseo, estamos llegando y veo al final de la calle un Starbucks, gran descubrimiento. Estamos llegando al parque y veo a lo lejos a una mujer con gafas de sol gorro y bufanda con tres perras, sólo esta ella en el parque, y no me extraña nada ya que las urbanizaciones de por aquí cerca son de gente famosa o grandes empresarios y no es que se relacionen mucho con la gente, me acerco a uno de los bancos que hay al lado de donde está la mujer. Dejo el carrito a un lado y saco a Jaime del carro, cojo una mantita para Jaime y la pongo en el césped y me siento en el césped con mi niño, le siento encima de su manta y me pongo a jugar con él.
De repente escucho mi nombre.
-¿Rodrigo?
Me giro sin soltar a mi niño y ahí la veo quitándose sus gafas de sol para así hacerme más fácil la tarea de reconocerla como si no fuera fácil.
-Malú que haces aquí!!?- le respondo sorprendido mientras me levanto con mi niño en brazos.
-Pues nada que he salido a pasear a mi zoo- se acerca a donde estamos.
-Son tuyas todas?- le pregunto un poco sorprendido ya que vive con tres perros y yo no he escuchado ni un ladrido desde mi casa.
-SÍ, estos son mis amores- me dice mientras se ríe porque la perra más grande no deja de saltar encima de ella- Danka! Ya!- le dice con un tono muy autoritario la perra, Danka se está quieta al instante.-Supongo que te quieren conocer.
-Yo encantado- digo mientras me agacho un poco y le acaricio la cabeza a Danka.
-Pues esta es Danka- me dice y se gira y va a por su otras dos perras, las trae debajo de un brazo a cada una.- y estás son Lola y Rumba.
-Encantado- le respondo mientras acaricio a Lola primero y después a Rumba- vaya son iguales.
-Malú estás sola, digo bueno a parte de con tus perras?- le pregunto mientras una idea pasa por mi cabeza.
-Si- me responde sin saber a qué viene la pregunta, la corto al momento.
-A ver digo que sí estas sola y te apetece y quieres en vez de estar cada uno un banco, podemos compartir banco y ya te enseño lo que hace Jaime con tu regalo.- al decir esto le sale una sonrisa automática que hace de imán para que salga la mía.
-Bueno entonces no me puedo negar.
Nos dirigimos hacia el banco donde yo estaba y me dispongo a recoger la mantita del suelo, no quiero que se sienta obligada a sentarse en el suelo como yo estaba.
-Hey, no la quites yo soy más de suelo.- sonrío y ella se sienta en el suelo, yo la imito y nos quedamos los dos embobados mirando a Jaime jugar con el osito de peluche, y momentos como este son los que me van alegrando los días poco a poco, momentos junto a mi niño que la verdad es lo mejor que puedo tener, tan chiquitito pero tan grande para mí... Me esta entrando sed y se me ocurre algo.
-Oye Malú, voy a acercarme a el Starbucks que hay aquí al lado a por un café, ¿quieres algo?.
-Bueno un cafecito calentito se agradecería- me dice sonriendo.
-Bien pues no tardo nada- me levanto del suelo, voy al carrito y cojo la cartera del bolso.- Malú te quedas mientras con Jaime o me lo llevo?- le pregunto con incertidumbre, no se en realidad si le va a molestar quedarse con él o algo.
-No te preocupes Rodrigo nos entenderemos bien, yo lo cuido mientras.- me responde con una sonrisa que llega a sus ojos.
-Muchas gracias, pero hoy está un poco revoltoso si se pone a llorar mucho ten paciencia- le aviso por sí quiere cambiar de idea.
-Nos lleváremos bien, no es necesario que me sigas asustando, confía en mi yo lo cuido mientras- me responde giñandome un ojo.
-Vale, pero después no digas que no te lo he avisado, vengo en nada.- y mientras digo esto echo a correr. Cuando estoy casi saliendo del parque escucho su risa de fondo, me giro y la veo sentada en el suelo sujetado a mi niño que está en su mantita sentado mientras zarandea al oso y seguramente diciendo algo intangible. Me quedo mirando fascinado, con que cariño trata a mi niño y lo conoce de tres días, no me cabe ninguna duda de qué detrás de la gran artista se esconde también una gran persona y he tenido la suerte de conocerla.

Me doy cuenta de que al final voy a tardar más de la cuenta y salgo rápidamente para el Starbucks.
Llego y gracias a dios no hay mucha gente. Pido para mi un capuchino con chocolate blanco y para Malú pido lo mismo aunque en realidad no se sí le gustará. Bueno si no le gusta vengo en nada a por otro. Pido también unos muffins, dos de chocolate y dos normales.
Estoy llegando de vuelta al parque, la estampa es preciosa ella está sentada en el suelo con mi niño en sus piernas y sus perras alrededor, y el sol que aunque no llega a calentar mucho lo ilumina todo haciéndolo más bonito aún si cabe. 
Llego corriendo y ella ríe al verme.
-Vas a derramar los cafés a ese paso.- ignoro su comentario, pero no puedo evitar que una sonrisa se dibuje en mi cara.
-Se ha portado bien?.- miro a Jaime que se lleva la mano a la boca, Malú lo ve y le distrae con el peluche.
-Genial, no ha dado ningún ruido.-
Me siento a su lado y sacó los cafés.
-Malú te he traído un capuchino con chocolate blanco, si no te gusta puedo ir a por otro, es que se me olvidó preguntarte cual querías.-
-No, no hace falta que vayas a por otro es mi preferido, la verdad no se cómo lo has adivinado.- me mira incrédula.
Le tiendo el café mientras sonrío.
-Supongo que será porque también es mi preferido- le digo mientras le enseño el otro café que es igual. Ella sonríe.
-Vaya que casualidad- ríe y me hace reír.
Sacó los mufins y se me queda mirando, la miro poniendo cara de niño y le pregunto.
-Quieres???.-ella suelta una carcajada a la que no puedo evitar unirme.
-No hacia falta que trajeras todo esto!!
-Pero quieres o no??- le digo levantando las cejas.
-Siii!! , pero no debería- río con ella y dejo caer mi cabeza sobre su hombro.
-Ya sabía yo que no te podrías resistir.- esto le causa una nueva carcajada y yo me reincorporo.
-Bueno y de qué quieres el mufins de chocolate o normal??- le pregunto.
-Mmm... No sé es un elección tan complicada...- me dice con cara de estar pensando.
-Para que no tengas que decidir te he traído uno de cada!- le digo entusiasmado.
-Noo puedes ser eh! Contigo no se puede!!! No me voy a comer dos- me dice mientras se ríe.Y entonces la idea me cruza por la cabeza.
-Mira hacemos una cosa si quieres, los partimos por la mitad y así ya no tienes que decir y te comes medio y medio.
-Me parece perfecto- me dice sonriente.
Saco uno de cada y se lo paso para que los parta.


Los parte y los pone en medio. Ella al coger el primer trozo me dice.
-Mmm... Están buenísimos!- dice mientras cierra los ojos. Le sonrio a modo de respuesta.
Merendamos hablando y mi niño nos acompaña tumbado en su mantita jugando con el oso.
-Bueno Malú y que tal te han ido esas reuniones que tenías,? Terminaste muy tarde?- le preguto para entablar conversación.
-Muy bien, si termine un poquito tarde pero merece la pena, el día 1 de marzo retomamos la gira en Zaragoza. Y va a ser una pedazo de gira.!- me dice entusiasmada mientras bebe de su café.- y tu que? Has comido temprano?- me dice con una sonrisa en la cara.
-Si he comido temprano pero solito, y luego como Jaime estaba revoltoso no se dormía me he dormido una siesta con él.- digo mientras me río.
-Seguro que estas súper cansado- me dice con ironía pero con una sonrisa.
-Sí, la verdad es que sí- le sigo el juego poniendo mi mejor cara de cansado, lo que le causa una sonrisa.
-Malú nosotros ya nos vamos a ir llendo que tengo que bañar a Jaime.- le digo recogiendo los vasos del café.
-No sí yo también me voy, que ya es tarde.- me dice mientras se levanta.
Yo voy a tirar la basura a una papelera que tenemos en frente y cuando llego ella ya ha montado a Jaime en el carrito, recogido la manta y atado a sus perras.
Le doy las gracias y nos ponemos camino a nuestras casas.
Vamos hablando por el camino y le pregunto.
-Malú tienes algo que hacer esta noche?, digo sí vas a cenar sola te puedes venir con nosotros- le pregunto y la miro esperando su respuesta. No me apetece nada cenar solo, porque entonces me pongo a darle vueltas a la cabeza y me vuelvo a hundir... Y si a eso le sumas que su compañía es muy agradable, pues no me queda otra que tratar de convencerla.
-No tengo nada que hacer, pero no quisiera molestar.
-Malú no es ninguna molestia, yo voy a cenar sólo y tu también, a esto el sumas que te debo una cena y sale redondo.- mi explicación la hace reír.
-Vale voy pero te ayudo a preparar la cena.-niego con la cabeza y ella me mira esperando mi explicación.
-No Malú, esta noche te invitamos a cenar ya otro día si quieres me ayudas a preparar la cena, pero esta noche no.- me mira y estoy seguro de que me iba a recriminar pero ya me va conociendo y por mi cara sabe que no hay nada que negociar.
Sin darnos cuenta llegamos a su casa.
-Rodrigo cuando termine voy para tu casa, mejor deja la puerta del jardín abierta, te ayudo aunque sea cuidando de Jaime mientras tu haces la cena.- y por su cara se que no va a ceder.
-Esta bien, pero sólo cuidando a Jaime eh!- le digo mientras muevo un dedo delante de su cara, ella ríe y asiente.
-Hasta ahora- me dice y se va con prisa para dentro ya que es llevada por sus perras hacia la casa.
-Hasta luego!!- levanto la voz para que me escuche.
Se va para su casa y yo me voy para la mía.

domingo, 7 de diciembre de 2014

Capítulo 40 - Desencuentro.

Al abrir la puerta me quedé de piedra, parpadeé repetidamente, no me creía que fuera ella, que estuviera ahí, y una sonrisa apareció automáticamente en mí, tanto por dentro como por fuera... Pero su cara, su cara me dejaba entender que algo no iba bien.
-Malú ¿ha pasado algo?- no me respondió, se movía nerviosamente, sus pies no tenían la intención de parar, y me alarmó verla así. Apartó con una mano algunos mechones de su pelo que se colocaron delante de sus ojos y resopló, en ese momento supe que estaba apunto de romperse, pero no tenía ni idea de que podía pasarle, debía ser algo importante para que estuviera en mi puerta a esas horas.
-Diego, perdona que venga a molestarte a estas horas, pero, necesito un favor...- sus palabras salían rápidas y a trompicones, se mordía el interior del labio nerviosamente.
-Malú tranquilízate y dime que es lo que necesitas.- la agarré por los hombros para parar su incesable movimiento, al hacerlo volví a sentir el calor de su piel debajo de mis manos, y me di cuenta de que la echaba muchísimo de menos.
-Necesito tu coche.- asentí y busqué las llaves que estaban en el mueble de la entrada, sabía qué pasaba algo más pero no me lo quería decir.
-Pero Malú, que pasa?- trató de sonreír pero no lo consiguió, sus ojos se llenaron de lágrimas y pude ver como luchaba por no derramar ninguna. Mis brazos quemaban por abrazarla, no podia verla así, era superior a mi, entonces un sollozo salió de su garganta, y numerosas lágrimas comenzaron a recorrer el camino de su cara, no lo pude evitar y la abracé contra mi... Sentir de nuevo el calor de su cuerpo entre mis brazos, su olor llenando mis pulmones, eso era lo único que yo quería...
-Ey! Malú tranquila... Sabes que puedes confiar en mi.- acaricié su espalda delicadamente, rodeó con sus brazos mi cuerpo y rompió a llorar, no sabía que pasaba pero verla así me estaba matando.
-Es Danka, no sé que le pasa...- su voz sonó amortiguada por mi cuerpo pero seguía llorando. Al cabo de un rato se separó de mi, y en ese mismo instante mis brazos volvieron a ansiar su contacto. Tenía la cara bañana de en lágrimas, y en sus ojos se veía un poco de miedo. No podía dejar que condujera en esa situación.
-Malú dame cinco minutos, te acompaño.- no dejé que dijera nada, me di la vuelta y subí corriendo a cambiarme de ropa. Cuando volví a abajo ella ya no estaba, cogí las llaves y el móvil y fui hasta su casa, había dejado la puerta abierta, entré y la vi arrodillada frente a Danka, que estaba tumbada en el suelo, era raro ver a Danka tan parada, siempre que había estado con ella habíamos estado jugando y era una perra de lo más activa y juguetona. 
-Nunca la había visto así, nunca para quieta, y mira hoy...- su voz sonó rota, me agaché a su altura y acaricié a Danka, la miré, lágrimas silenciosas seguían cayendo por su rostro.
-Venga vámonos!- me levanté del suelo y ella me imitó, la que no parecía querer moverse era Danka, vi a Malú agacharse para cogerla en brazos, pero me adelanté, Danka era demasiado grande.
-Déjame a mí.- cogí a Danka en brazos y fuimos hasta mi coche. 
-Malú abre el coche por favor.- me miró con el ceño fruncido, claro las llaves las tenía yo... Intenté sacarlas del bolsillo de mi pantalón, pero fui incapaz y tampoco quería causarle daño a Danka. Malú al verme vino hacia mí.
-¿Dónde?- negué con la cabeza, pero su mirada no me dio otra opción.
-Izquierdo...- metió la mano en el bolsillo y cogió las llaves... Me removí ligeramente, incluso a través de la tela del pantalón su contacto era eléctrico. 
Después de ponerle el arnés de seguridad a Danka, Malú se sentó atrás con ella. 
Salimos dirección a la clínica veterinaria de unos amigos de Malú, ella me fue indicando el camino hábilmente mientras no perdía atención de su perrita. En un semáforo mi mirada se encontró con la suya en el espejo retrovisor, sonreí para tranquilizarla, y ella articuló un mudo "gracias"... Llegamos por fin a la clínica, volví a coger a Danka y Malú entró rápidamente en el interior a buscar a su amigo, quien salió rápido a por Danka y la cogió de mis brazos. Rápidamente entró en una sala y ella lo siguió. 
El tiempo pasaba demasiado lento, o eso era lo que me parecía a mí, el cansancio se iba abriendo paso por mi cuerpo en la solitaria sala de espera donde me encontraba, y todavía no sabía nada de que tal iba todo ahí dentro... Cambiaba constantemente mi postura en las incómodas sillas, intentando no dormirme... 


-Diego...-noté como me movían ligeramente y me desperté con el sonido de su voz, verla tan de cerca nada más abrir los ojos era un auténtico regalo, al principio estaba algo desorientado pero luego me acordé de donde estábamos y me desperté de golpe.
-Perdón me he dormido. Cómo está Danka?- se encogió de hombros, acaricié su brazo tratando de reconfortarla. 
-No sé, se la han llevado a hacerle algunas pruebas... Diego no es necesario que te quedes aquí, vete a tu casa, muchas gracias por todo de verdad... No sabía a quién podía llamar y mi coche lo tiene mi hermano que esta de viaje... Y no podía dejar a Danka así toda la noche...- dejó de mirarme mientras hablaba para mirar a sus manos.
-De verdad no te preocupes Malú, has hecho muy bien en llamarme...- me sonrió y se giró mirando la puerta por la que esperábamos alguna noticia.
-Malú, me gustaría... Quiero, que por lo menos podamos seguir contando el uno con el otro... Como amigos únicamente...- iba a decir algo, pero no la dejé y continúe hablando.
-No, no tienes que decir ahora nada, piénsalo...- asintió sin decir nada, no pude evitar sonreír mientras le colocaba un mechón de pelo detrás de la oreja, ella se removió nerviosa y cambió su posición. 
Esperábamos sin recibir ninguna nueva noticia, y Malú cada vez se desesperaba más, se había recorrido la sala de espera incontables veces y no paraba quieta. Apareció un hombre por una de las puertas que había en la sala, Malú se levantó rápidamente y fue a hablar con él, yo la seguí.
-¿Que es lo que le pasa?- su voz sonó nerviosa, y es que en ese momento estaba como un flan, se le veía en los ojos... 
-Tranquilízate Malú, porque no es nada grave. Hemos estado examinando a Danka un buen rato porque pensábamos que lo que le pasaba podía ser fruto de la picadura de alguna garrapata y el veneno le estaba paralizando el cuerpo, pero gracias a dios no ha sido así. Lo que Danka tiene es un simple lumbago, en unos días estará como nueva.- un gran suspiro de alivio salió de la garganta de Malú, yo no pude evitar sonreír ante la noticia. El hombre se retiró a por Danka, ella me miró sonriente, no cabía en si de tanta felicidad, y ver de nuevo su sonrisa fue cómo ése oasis en el desierto, el arco iris después de la tormenta... Salió de nuevo el veterinario con Danka en brazos y me la pasó a mí.
-Malú no te preocupes si Danka ahora mismo no puede caminar, irá volviendo a moverse con normalidad conforme se vaya encontrando mejor, por ahora tendrás que estar pendiente de ella porque lo más seguro es que no se mueva en todo el día... Y si la tienes dentro de casa te aconsejo que te busques pañales...- la última frase nos hizo reír a los dos, Malú acarició suavemente la cabeza de Danka.
-Nos las apañaremos bien... Muchísimas gracias por todo de verdad.- se despidió de su amigo, que le dio un papel en el que venia anotado lo que necesitaba Danka. 
-Hasta otra!- se despidió de mi y entró en su consulta. 
-Malú te importaría coger mi chaqueta, está ahí en la silla.- con Danka en brazos no podía coger la chaqueta, ella se giró sonriente y agarró mi cazadora. Salimos a por el coche, la temperatura había descendido bastante, el frío de la madrugada se notaba y Malú se puso mi chaqueta, ese simple gesto me hizo sonreír como no lo había hecho estos días de atrás, ella me miró y una sonrisa apareció curvando sus hermosos labios.  Cogimos el coche y pusimos rumbo hacia casa, por el camino ninguno de los dos nos atrevimos a decir nada, todo era silencio, interrumpido por la voz que sonaba en ese momento en la radio. Empezó a sonar las primeras notas de una canción de Pablo Alborán, yo sabia de sobra de que canción se trataba y miré a través del espejo retrovisor a Malú para ver si ella sabía también de que se trataba, su mirada lo desvelaba todo, mientras que la cálida voz de Pablo se abría paso por los altavoces.

"No puedo seguir,
buscando tu aroma en el viento,
no puedo mentir,
y ocultar lo que siento.
Intento vivir sufriendo bajo este silencio,
de nuevo por ti
me hundo en un infierno.
No era prisionero de tus labios 
y ahora que estás lejos
yo te deseo como el aire 
del baile de tu cuerpo.
Puedes olvidar mi nombre,
puedes olvidar mis besos
pero en el aire permanece mi voz y mi recuerdo. 
Sufriendo por ti, 
me pierdo en un mar de dudas, 
me mata este dolor, 
me ahogan mis lágrimas mudas
invades cada noche mi cuerpo y mi alma
Haces llorar mis ojos y haces que pierda la calma"

La canción era tan perfecta para los dos y a la vez dolía tanto toda la verdad que llevaba, era nuestro particular "Desencuentro"... Eché de nuevo una rápida mirada a Malú pero esta vez no encontré su mirada, había agachado la cabeza escondiendo sus ojos de mi y pasaba su mano por el cuerpo de Danka. 
Llegamos por fin a casa, de nuevo cogí a Danka y pasamos a su casa. Puso unas mantas en el suelo y dejamos ahí tumbada a Danka. 
-Bueno Malú, yo ya me voy... No creo que tenga mucho sentido volver a decirte que si necesitas algo, estoy aquí al lado.- mi voz sonó cansada, y realmente así es como me sentía, estaba cansado tanto físicamente como emocionalmente, y era irónico pero lo que más me cansaba era estar tan cerca de ella y a la vez tan lejos... Nos comportábamos como desconocidos cuando lo que realmente ansiábamos era volver a reír juntos...
-Muchas gracias por todo Diego.- sonreí de medio lado y ella me devolvió la sonrisa. Me acompañó hasta la puerta, pero antes de irme le tenía que pedir una cosa.
-Malú, prométeme que pensarás sobre lo que te he dicho...- un suspiro se escapó de su pecho, pasó una mano entre su revuelta melena mientras pensaba que contestar.
-Diego pero es que es mejor así... Ahora no lo entenderás pero te aseguro que es mejor. Tú ahora tienes otras prioridades, seguir viéndonos solo nos haría mantener de nuevo ilusiones, para que dentro de unos meses ya no nos podamos volver a ver y volvamos a vivir lo mismo que ahora.- su teoría era razonable, pero había algo que fallaba, yo no tenía otras prioridades, ella aun no sabía que no iba a haber niño.
-Malú, pero es que lo que.- negó con la cabeza y no me dejó terminar.
-Diego, hazme caso por favor... Dentro de unos meses el que me va a echar de su vida vas a ser tú, mejor lo dejamos así...- miré a mis zapatos cabizbajo, no podía creer cómo podía pensar eso de mi, yo nunca la echaría de mi vida... En ese momento las palabras de Elena volvieron a mi cabeza, "¿Te piensas que de esa de la que dices que te has enamorado te va a querer?", quizás fuera eso, que no me quería... Pero si era así que iba a hacer con lo que yo sentía.
-Pero Malú, no me puedes decir eso... ¿Como puedes pensar así de mi?- mi voz sonó dolida, ella cerró los ojos y suspiró profundamente.
-Entiéndelo por favor... Haz tu vida, te deseo toda la felicidad del mundo porque verdaderamente te la mereces, eres una persona maravillosa, especial, mágica.- no podía ser así, suspiré profundamente, que podía hacer o decir para cambiar lo que en su mente parecía estar totalmente claro?.
-Malú escúchame, no quiero hacer mi vida de la forma que tú dices.- mi voz sonó exasperada, ella bufó audiblemente, traté de acercarme a ella pero se alejó lo suficiente para seguir manteniendo esa maldita distancia entre los dos. 
-Joder vale ya! Te he pedido que lo dejes así, ¿tanto te cuesta entenderlo?- sonaba bastante enfadada, pero yo también estaba enfadado, ¿por qué no era sincera del todo?
-Sí me cuesta entenderlo, me cuesta y mucho! No puedo entender como quieres que rompamos lo mejor que he sentido en mí vida! No lo puedo entender, seré tonto o algo así!- pasé una mano involuntariamente por mi pelo, ella miró hacia otro lado tratando de ignorar mi presencia, y esa actitud que tenía ahora me ponía de muy mal humor.
-Pues lo serás...- su voz fue apenas un susurro pero lo oí, no pensaba decirme nada más y su actitud fría y distante tampoco revelaban gran cosa... Y era extraño ver esa actitud en ella cuando siempre era tan cercana y cálida.
-Debo ser el mayor tonto por haberme enamorado de ti! De una cobarde que no se atreve a ser sincera con lo que siente!- le solté sin más preámbulos, decidió no mirarme ni decir nada, y comprendí que no íbamos a conseguir nada de esta manera, suspiré de nuevo derrotado, ella levantó la vista y su mirada triste me escoció en lo más profundo de mi cuerpo. Ninguno de los dos sabíamos que decir, yo me moría de ganas porque ella me entendiera y quisiera escucharme, pero su actitud era muy distinta a como había sido siempre y me dolía saber que esto se acababa sin más remedio. Me acerqué lentamente a ella, esta vez no se apartó de mí, al parecer las barreras que nos estaba poniendo empezaron a ceder un poco. Acaricié suavemente su mejilla mientras un suspiro se escapaba de sus labios.
-Si tú quisieras...- susurré bajito, dejando en esas tres palabras todas las esperanzas que tenía, que a estas alturas eran muy pocas. Levantó la mirada de nuevo hacia mi, y en sus ojos, esos que me volvían tan loco cuando me miraban chispeantes, se podía ver tanta intensidad que quemaba... A los pocos segundos empezaron a llenarse de lágrimas y no entendía por qué, sus brazos rodearon mi cuello y se abrazó contra mí, por cosas como esta yo pensaba seriamente en la bipolaridad de algunas personas. Me pilló por sorpresa pero no tarde en rodear su pequeña cintura con mis manos, ella me apretaba muy fuerte contra su cuerpo mientras escuchaba sus sollozos en mi oído, y aunque no lo quisiera aceptar esto era una despedida...
-Diego, prométeme que vas a tratar de ser feliz con tu familia... Y que vas a olvidarme... A olvidarte de esto...- su voz se volvió a romper en la última frase y apretó más fuerte su abrazo... Esto era su despedida, una jodida despedida que yo no quería que fuera real.
-Malú, no... No puedo prometerte eso...- mi voz sonó rota e instintivamente la abracé más fuerte como si los dos quisiéramos unirnos en uno para así no tener que separarnos.
-Prométeme que lo vas a intentar...- negué con la cabeza porque no encontré la voz para dar sonido a mis palabras. Se separó de mí lentamente, llevándose en ese abrazo una mitad que nunca regresaría sino era con ella, una amarga sonrisa se dibujó en sus labios y limpió ligeramente con sus dedos el resto de lágrimas que todavía caían de sus ojos. 
-Diego, no quiero que estés triste... Ni que trates de buscar una explicación, simplemente no nos toca estar juntos... Ha sido corto pero muy bonito.- trató de sonreír, pero esa sonrisa no llegó a sus ojos.- Hay un dicho que es muy cierto, "si es pa' ti, ni que te quites, y si no lo es, ni que te pongas..." No quiero ponerme en medio de nada.- tragué para pasar el nudo que se había formado en mi garganta, viendo como la palabra fin se escribía lentamente en nuestra historia...
-Cuídate...- puso fin a nuestra conversación y cerró la puerta. Yo seguí ahí parado sin querer aceptar que ya nada nos unía, ni siquiera la amistad que yo le había dicho que quería conservar... Éramos ahora dos completos desconocidos. No había nada que pudiera hacer, todo había terminado y no cómo la vez que se fue de su camerino, ahora había terminado de verdad... Ya no tenía sentido luchar porque no iba a conseguir nada a cambio, había sido muy clara... El destino se había equivocado con nosotros... No me quedaba otra que tratar de vivir sin ella, seguir adelante, buscar mi felicidad... El problema era que yo con quien era feliz era con Malú y lo que quería con ella no lo quería con nadie más... Y esa extraña y fea sensación de sentir que había la había perdido, pero sabiendo muy en el fondo que en verdad nunca la había tenido... Porque ella era solo y únicamente de ella, pero yo con un pequeño trozo de su risa ya la sentía mía, porque me llevaba allí donde yo era feliz sin necesidad de mucho, únicamente con su compañía o una simple mirada.

Esa madrugada volvieron las pesadillas, otra vez el miedo y la soledad se apoderaban de mi ser, la misma sensación de siempre que me dejaba destrozado, y me preguntaba si esto iba a durar para toda la vida, si siempre tendría que cargar con lo mismo, la desgracia en la que se convirtió mi vida cuando aún era un niño... 
Los tímidos rayos de sol que se colaban por las cortinas daban por inaugurada una nueva mañana... Me levanté enfadado con el mundo por atreverse a iniciar un nuevo día que estoy seguro que sería una mierda y bajé la persiana, no tenía nada que hacer y me moría del sueño... Me tumbé de nuevo en la cama y mi cabeza involuntariamente comenzó a recordar los momentos que había compartido con la que estoy seguro que sería para siempre la mujer de mi vida... En tan poco tiempo me había marcado tanto...