domingo, 7 de diciembre de 2014

Capítulo 40 - Desencuentro.

Al abrir la puerta me quedé de piedra, parpadeé repetidamente, no me creía que fuera ella, que estuviera ahí, y una sonrisa apareció automáticamente en mí, tanto por dentro como por fuera... Pero su cara, su cara me dejaba entender que algo no iba bien.
-Malú ¿ha pasado algo?- no me respondió, se movía nerviosamente, sus pies no tenían la intención de parar, y me alarmó verla así. Apartó con una mano algunos mechones de su pelo que se colocaron delante de sus ojos y resopló, en ese momento supe que estaba apunto de romperse, pero no tenía ni idea de que podía pasarle, debía ser algo importante para que estuviera en mi puerta a esas horas.
-Diego, perdona que venga a molestarte a estas horas, pero, necesito un favor...- sus palabras salían rápidas y a trompicones, se mordía el interior del labio nerviosamente.
-Malú tranquilízate y dime que es lo que necesitas.- la agarré por los hombros para parar su incesable movimiento, al hacerlo volví a sentir el calor de su piel debajo de mis manos, y me di cuenta de que la echaba muchísimo de menos.
-Necesito tu coche.- asentí y busqué las llaves que estaban en el mueble de la entrada, sabía qué pasaba algo más pero no me lo quería decir.
-Pero Malú, que pasa?- trató de sonreír pero no lo consiguió, sus ojos se llenaron de lágrimas y pude ver como luchaba por no derramar ninguna. Mis brazos quemaban por abrazarla, no podia verla así, era superior a mi, entonces un sollozo salió de su garganta, y numerosas lágrimas comenzaron a recorrer el camino de su cara, no lo pude evitar y la abracé contra mi... Sentir de nuevo el calor de su cuerpo entre mis brazos, su olor llenando mis pulmones, eso era lo único que yo quería...
-Ey! Malú tranquila... Sabes que puedes confiar en mi.- acaricié su espalda delicadamente, rodeó con sus brazos mi cuerpo y rompió a llorar, no sabía que pasaba pero verla así me estaba matando.
-Es Danka, no sé que le pasa...- su voz sonó amortiguada por mi cuerpo pero seguía llorando. Al cabo de un rato se separó de mi, y en ese mismo instante mis brazos volvieron a ansiar su contacto. Tenía la cara bañana de en lágrimas, y en sus ojos se veía un poco de miedo. No podía dejar que condujera en esa situación.
-Malú dame cinco minutos, te acompaño.- no dejé que dijera nada, me di la vuelta y subí corriendo a cambiarme de ropa. Cuando volví a abajo ella ya no estaba, cogí las llaves y el móvil y fui hasta su casa, había dejado la puerta abierta, entré y la vi arrodillada frente a Danka, que estaba tumbada en el suelo, era raro ver a Danka tan parada, siempre que había estado con ella habíamos estado jugando y era una perra de lo más activa y juguetona. 
-Nunca la había visto así, nunca para quieta, y mira hoy...- su voz sonó rota, me agaché a su altura y acaricié a Danka, la miré, lágrimas silenciosas seguían cayendo por su rostro.
-Venga vámonos!- me levanté del suelo y ella me imitó, la que no parecía querer moverse era Danka, vi a Malú agacharse para cogerla en brazos, pero me adelanté, Danka era demasiado grande.
-Déjame a mí.- cogí a Danka en brazos y fuimos hasta mi coche. 
-Malú abre el coche por favor.- me miró con el ceño fruncido, claro las llaves las tenía yo... Intenté sacarlas del bolsillo de mi pantalón, pero fui incapaz y tampoco quería causarle daño a Danka. Malú al verme vino hacia mí.
-¿Dónde?- negué con la cabeza, pero su mirada no me dio otra opción.
-Izquierdo...- metió la mano en el bolsillo y cogió las llaves... Me removí ligeramente, incluso a través de la tela del pantalón su contacto era eléctrico. 
Después de ponerle el arnés de seguridad a Danka, Malú se sentó atrás con ella. 
Salimos dirección a la clínica veterinaria de unos amigos de Malú, ella me fue indicando el camino hábilmente mientras no perdía atención de su perrita. En un semáforo mi mirada se encontró con la suya en el espejo retrovisor, sonreí para tranquilizarla, y ella articuló un mudo "gracias"... Llegamos por fin a la clínica, volví a coger a Danka y Malú entró rápidamente en el interior a buscar a su amigo, quien salió rápido a por Danka y la cogió de mis brazos. Rápidamente entró en una sala y ella lo siguió. 
El tiempo pasaba demasiado lento, o eso era lo que me parecía a mí, el cansancio se iba abriendo paso por mi cuerpo en la solitaria sala de espera donde me encontraba, y todavía no sabía nada de que tal iba todo ahí dentro... Cambiaba constantemente mi postura en las incómodas sillas, intentando no dormirme... 


-Diego...-noté como me movían ligeramente y me desperté con el sonido de su voz, verla tan de cerca nada más abrir los ojos era un auténtico regalo, al principio estaba algo desorientado pero luego me acordé de donde estábamos y me desperté de golpe.
-Perdón me he dormido. Cómo está Danka?- se encogió de hombros, acaricié su brazo tratando de reconfortarla. 
-No sé, se la han llevado a hacerle algunas pruebas... Diego no es necesario que te quedes aquí, vete a tu casa, muchas gracias por todo de verdad... No sabía a quién podía llamar y mi coche lo tiene mi hermano que esta de viaje... Y no podía dejar a Danka así toda la noche...- dejó de mirarme mientras hablaba para mirar a sus manos.
-De verdad no te preocupes Malú, has hecho muy bien en llamarme...- me sonrió y se giró mirando la puerta por la que esperábamos alguna noticia.
-Malú, me gustaría... Quiero, que por lo menos podamos seguir contando el uno con el otro... Como amigos únicamente...- iba a decir algo, pero no la dejé y continúe hablando.
-No, no tienes que decir ahora nada, piénsalo...- asintió sin decir nada, no pude evitar sonreír mientras le colocaba un mechón de pelo detrás de la oreja, ella se removió nerviosa y cambió su posición. 
Esperábamos sin recibir ninguna nueva noticia, y Malú cada vez se desesperaba más, se había recorrido la sala de espera incontables veces y no paraba quieta. Apareció un hombre por una de las puertas que había en la sala, Malú se levantó rápidamente y fue a hablar con él, yo la seguí.
-¿Que es lo que le pasa?- su voz sonó nerviosa, y es que en ese momento estaba como un flan, se le veía en los ojos... 
-Tranquilízate Malú, porque no es nada grave. Hemos estado examinando a Danka un buen rato porque pensábamos que lo que le pasaba podía ser fruto de la picadura de alguna garrapata y el veneno le estaba paralizando el cuerpo, pero gracias a dios no ha sido así. Lo que Danka tiene es un simple lumbago, en unos días estará como nueva.- un gran suspiro de alivio salió de la garganta de Malú, yo no pude evitar sonreír ante la noticia. El hombre se retiró a por Danka, ella me miró sonriente, no cabía en si de tanta felicidad, y ver de nuevo su sonrisa fue cómo ése oasis en el desierto, el arco iris después de la tormenta... Salió de nuevo el veterinario con Danka en brazos y me la pasó a mí.
-Malú no te preocupes si Danka ahora mismo no puede caminar, irá volviendo a moverse con normalidad conforme se vaya encontrando mejor, por ahora tendrás que estar pendiente de ella porque lo más seguro es que no se mueva en todo el día... Y si la tienes dentro de casa te aconsejo que te busques pañales...- la última frase nos hizo reír a los dos, Malú acarició suavemente la cabeza de Danka.
-Nos las apañaremos bien... Muchísimas gracias por todo de verdad.- se despidió de su amigo, que le dio un papel en el que venia anotado lo que necesitaba Danka. 
-Hasta otra!- se despidió de mi y entró en su consulta. 
-Malú te importaría coger mi chaqueta, está ahí en la silla.- con Danka en brazos no podía coger la chaqueta, ella se giró sonriente y agarró mi cazadora. Salimos a por el coche, la temperatura había descendido bastante, el frío de la madrugada se notaba y Malú se puso mi chaqueta, ese simple gesto me hizo sonreír como no lo había hecho estos días de atrás, ella me miró y una sonrisa apareció curvando sus hermosos labios.  Cogimos el coche y pusimos rumbo hacia casa, por el camino ninguno de los dos nos atrevimos a decir nada, todo era silencio, interrumpido por la voz que sonaba en ese momento en la radio. Empezó a sonar las primeras notas de una canción de Pablo Alborán, yo sabia de sobra de que canción se trataba y miré a través del espejo retrovisor a Malú para ver si ella sabía también de que se trataba, su mirada lo desvelaba todo, mientras que la cálida voz de Pablo se abría paso por los altavoces.

"No puedo seguir,
buscando tu aroma en el viento,
no puedo mentir,
y ocultar lo que siento.
Intento vivir sufriendo bajo este silencio,
de nuevo por ti
me hundo en un infierno.
No era prisionero de tus labios 
y ahora que estás lejos
yo te deseo como el aire 
del baile de tu cuerpo.
Puedes olvidar mi nombre,
puedes olvidar mis besos
pero en el aire permanece mi voz y mi recuerdo. 
Sufriendo por ti, 
me pierdo en un mar de dudas, 
me mata este dolor, 
me ahogan mis lágrimas mudas
invades cada noche mi cuerpo y mi alma
Haces llorar mis ojos y haces que pierda la calma"

La canción era tan perfecta para los dos y a la vez dolía tanto toda la verdad que llevaba, era nuestro particular "Desencuentro"... Eché de nuevo una rápida mirada a Malú pero esta vez no encontré su mirada, había agachado la cabeza escondiendo sus ojos de mi y pasaba su mano por el cuerpo de Danka. 
Llegamos por fin a casa, de nuevo cogí a Danka y pasamos a su casa. Puso unas mantas en el suelo y dejamos ahí tumbada a Danka. 
-Bueno Malú, yo ya me voy... No creo que tenga mucho sentido volver a decirte que si necesitas algo, estoy aquí al lado.- mi voz sonó cansada, y realmente así es como me sentía, estaba cansado tanto físicamente como emocionalmente, y era irónico pero lo que más me cansaba era estar tan cerca de ella y a la vez tan lejos... Nos comportábamos como desconocidos cuando lo que realmente ansiábamos era volver a reír juntos...
-Muchas gracias por todo Diego.- sonreí de medio lado y ella me devolvió la sonrisa. Me acompañó hasta la puerta, pero antes de irme le tenía que pedir una cosa.
-Malú, prométeme que pensarás sobre lo que te he dicho...- un suspiro se escapó de su pecho, pasó una mano entre su revuelta melena mientras pensaba que contestar.
-Diego pero es que es mejor así... Ahora no lo entenderás pero te aseguro que es mejor. Tú ahora tienes otras prioridades, seguir viéndonos solo nos haría mantener de nuevo ilusiones, para que dentro de unos meses ya no nos podamos volver a ver y volvamos a vivir lo mismo que ahora.- su teoría era razonable, pero había algo que fallaba, yo no tenía otras prioridades, ella aun no sabía que no iba a haber niño.
-Malú, pero es que lo que.- negó con la cabeza y no me dejó terminar.
-Diego, hazme caso por favor... Dentro de unos meses el que me va a echar de su vida vas a ser tú, mejor lo dejamos así...- miré a mis zapatos cabizbajo, no podía creer cómo podía pensar eso de mi, yo nunca la echaría de mi vida... En ese momento las palabras de Elena volvieron a mi cabeza, "¿Te piensas que de esa de la que dices que te has enamorado te va a querer?", quizás fuera eso, que no me quería... Pero si era así que iba a hacer con lo que yo sentía.
-Pero Malú, no me puedes decir eso... ¿Como puedes pensar así de mi?- mi voz sonó dolida, ella cerró los ojos y suspiró profundamente.
-Entiéndelo por favor... Haz tu vida, te deseo toda la felicidad del mundo porque verdaderamente te la mereces, eres una persona maravillosa, especial, mágica.- no podía ser así, suspiré profundamente, que podía hacer o decir para cambiar lo que en su mente parecía estar totalmente claro?.
-Malú escúchame, no quiero hacer mi vida de la forma que tú dices.- mi voz sonó exasperada, ella bufó audiblemente, traté de acercarme a ella pero se alejó lo suficiente para seguir manteniendo esa maldita distancia entre los dos. 
-Joder vale ya! Te he pedido que lo dejes así, ¿tanto te cuesta entenderlo?- sonaba bastante enfadada, pero yo también estaba enfadado, ¿por qué no era sincera del todo?
-Sí me cuesta entenderlo, me cuesta y mucho! No puedo entender como quieres que rompamos lo mejor que he sentido en mí vida! No lo puedo entender, seré tonto o algo así!- pasé una mano involuntariamente por mi pelo, ella miró hacia otro lado tratando de ignorar mi presencia, y esa actitud que tenía ahora me ponía de muy mal humor.
-Pues lo serás...- su voz fue apenas un susurro pero lo oí, no pensaba decirme nada más y su actitud fría y distante tampoco revelaban gran cosa... Y era extraño ver esa actitud en ella cuando siempre era tan cercana y cálida.
-Debo ser el mayor tonto por haberme enamorado de ti! De una cobarde que no se atreve a ser sincera con lo que siente!- le solté sin más preámbulos, decidió no mirarme ni decir nada, y comprendí que no íbamos a conseguir nada de esta manera, suspiré de nuevo derrotado, ella levantó la vista y su mirada triste me escoció en lo más profundo de mi cuerpo. Ninguno de los dos sabíamos que decir, yo me moría de ganas porque ella me entendiera y quisiera escucharme, pero su actitud era muy distinta a como había sido siempre y me dolía saber que esto se acababa sin más remedio. Me acerqué lentamente a ella, esta vez no se apartó de mí, al parecer las barreras que nos estaba poniendo empezaron a ceder un poco. Acaricié suavemente su mejilla mientras un suspiro se escapaba de sus labios.
-Si tú quisieras...- susurré bajito, dejando en esas tres palabras todas las esperanzas que tenía, que a estas alturas eran muy pocas. Levantó la mirada de nuevo hacia mi, y en sus ojos, esos que me volvían tan loco cuando me miraban chispeantes, se podía ver tanta intensidad que quemaba... A los pocos segundos empezaron a llenarse de lágrimas y no entendía por qué, sus brazos rodearon mi cuello y se abrazó contra mí, por cosas como esta yo pensaba seriamente en la bipolaridad de algunas personas. Me pilló por sorpresa pero no tarde en rodear su pequeña cintura con mis manos, ella me apretaba muy fuerte contra su cuerpo mientras escuchaba sus sollozos en mi oído, y aunque no lo quisiera aceptar esto era una despedida...
-Diego, prométeme que vas a tratar de ser feliz con tu familia... Y que vas a olvidarme... A olvidarte de esto...- su voz se volvió a romper en la última frase y apretó más fuerte su abrazo... Esto era su despedida, una jodida despedida que yo no quería que fuera real.
-Malú, no... No puedo prometerte eso...- mi voz sonó rota e instintivamente la abracé más fuerte como si los dos quisiéramos unirnos en uno para así no tener que separarnos.
-Prométeme que lo vas a intentar...- negué con la cabeza porque no encontré la voz para dar sonido a mis palabras. Se separó de mí lentamente, llevándose en ese abrazo una mitad que nunca regresaría sino era con ella, una amarga sonrisa se dibujó en sus labios y limpió ligeramente con sus dedos el resto de lágrimas que todavía caían de sus ojos. 
-Diego, no quiero que estés triste... Ni que trates de buscar una explicación, simplemente no nos toca estar juntos... Ha sido corto pero muy bonito.- trató de sonreír, pero esa sonrisa no llegó a sus ojos.- Hay un dicho que es muy cierto, "si es pa' ti, ni que te quites, y si no lo es, ni que te pongas..." No quiero ponerme en medio de nada.- tragué para pasar el nudo que se había formado en mi garganta, viendo como la palabra fin se escribía lentamente en nuestra historia...
-Cuídate...- puso fin a nuestra conversación y cerró la puerta. Yo seguí ahí parado sin querer aceptar que ya nada nos unía, ni siquiera la amistad que yo le había dicho que quería conservar... Éramos ahora dos completos desconocidos. No había nada que pudiera hacer, todo había terminado y no cómo la vez que se fue de su camerino, ahora había terminado de verdad... Ya no tenía sentido luchar porque no iba a conseguir nada a cambio, había sido muy clara... El destino se había equivocado con nosotros... No me quedaba otra que tratar de vivir sin ella, seguir adelante, buscar mi felicidad... El problema era que yo con quien era feliz era con Malú y lo que quería con ella no lo quería con nadie más... Y esa extraña y fea sensación de sentir que había la había perdido, pero sabiendo muy en el fondo que en verdad nunca la había tenido... Porque ella era solo y únicamente de ella, pero yo con un pequeño trozo de su risa ya la sentía mía, porque me llevaba allí donde yo era feliz sin necesidad de mucho, únicamente con su compañía o una simple mirada.

Esa madrugada volvieron las pesadillas, otra vez el miedo y la soledad se apoderaban de mi ser, la misma sensación de siempre que me dejaba destrozado, y me preguntaba si esto iba a durar para toda la vida, si siempre tendría que cargar con lo mismo, la desgracia en la que se convirtió mi vida cuando aún era un niño... 
Los tímidos rayos de sol que se colaban por las cortinas daban por inaugurada una nueva mañana... Me levanté enfadado con el mundo por atreverse a iniciar un nuevo día que estoy seguro que sería una mierda y bajé la persiana, no tenía nada que hacer y me moría del sueño... Me tumbé de nuevo en la cama y mi cabeza involuntariamente comenzó a recordar los momentos que había compartido con la que estoy seguro que sería para siempre la mujer de mi vida... En tan poco tiempo me había marcado tanto... 

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