-Dígame- digo reincorporándome un poco en la cama para hablar.
-Buenas noches Rodrigo.- suena al otro lado de la línea seguido de un suspiro.
-Como estas Malú ?- empezamos a hablar. Como sospechaba no ha sido el mejor día de su vida, pero trato de cambiarle pronto de tema para distraerla. Nos ponemos a hablar de Jaime y sus procesos con el lenguaje.
-Sabes..., creo que dirá antes tu nombre que papá, por más que se lo repito no hay manera.- esto ocasiona una leve risa al otro lado de la línea. Continuamos hablando un rato más y ya nos estamos despidiendo.
-Oye Malú, vas a dar finalmente el concierto de mañana ?- le pregunto buscando bien las palabras para que no me malinterprete.
-Sí Rodrigo, después de mucho pensarlo el mejor homenaje que le podemos hacer es seguir adelante como él siempre decía. El mayor homenaje a un genio musical es seguir con la música, así que si daremos ese concierto, no sé como saldrá pero me dejaré todo en el escenario...- sonrío, es grande por donde la mires... Muy pocos habrían hecho lo que ella... Estoy segurísimo.
-Estoy contigo, es la mejor forma de seguir adelante. Estoy seguro de que saldrá perfecto, eres grande dentro y fuera de un escenario y mañana lo vas a demostrar. Bueno Malú no quiero entretenerte más que ha debido ser un día largo para ti. Descansa y ya sé que es difícil pero disfruta ese concierto, lo vas a hacer genial estoy seguro.- se lo dije de corazón porque así lo sentía, era una gran prueba de la grandísima persona que había debajo de la artista.
-Muchas gracias Rodrigo, lo intentaré...y por cierto, felices 32.- sonrío como un idiota al escuchar esa última frase.
-Muchas gracias, la verdad no tengo ni idea de como te has enterado ... Pero ya me lo contarás... Buenas noches, descansa.-
Dicho esto me voy a dormir con la felicidad que me ha producido ese "felices 32" y es que yo no le dije nada...
A la mañana siguiente me levanto temprano, tengo algunas cosas que hacer. Cuando termino de prepararme llamo al teléfono que me dijo mi madre y aprovecho para limpiar un poco la casa y reservar sitio en el restaurante para comer. Mientras estoy limpiando el salón oigo a Jaime gruñir por lo que debe de haberse despertado, subo para cogerlo y darle el desayuno. Lo visto y lo dejo en el parque jugando mientras termino de limpiar. Son las 12:00 de la mañana los del regalo de mi madre me dijeron que vendrían sobre esta hora, así que decido llamar a William mientras. Al tercer tono me responde, le invito a que se venga a comer con nosotros y también llamó a Lola y Sergio para decirle la hora y el lugar. Cuando estoy terminando de hablar con Sergio llaman al portero y abro, en menos de dos minutos dos chicos de una agencia de reparto han dejado en mi salón un bulto enorme recubierto por una tela y cuerdas para mantenerlo tapado.
Me decido a quitar las cuerdas y la tela y cuando veo que es no puedo evitar sentir algo de nostalgia. Es un piano de pared como el que tenía mi padre en nuestra casa cuando vivíamos juntos, en el mismo que aprendí a tocarlo.
Lo colocó en el salón empujándolo y no puedo evitar sentirme abrumado y un nudo se instala en mi garganta. Este regalo de mi madre me recuerda a nuestros días en nuestra casa de Cádiz, cuando todavía éramos una familia feliz y unida, y a esos veranos en la playa... Sin querer se vuelven a colar esos ojos marrones chocolate de mi infancia, esos ojos de los cuales no sé ni el nombre, ya os contaré más despacio sobre esos ojos. Llamo a mi madre para agradecerle el gran regalo que me ha hecho, de verdad me ha encantado.
Llega la hora de comer y vamos todos al restaurante en el que he reservado, comemos en una alegre charla, y con ellos estoy tan a gusto. Dejamos el restaurante a un lado después de la comida y nos dirigimos a mi casa donde llegamos y nos sentamos todos en el sofá como derrotados.
-Bueno y ahora que hacemos?- propone William.
-Yo opto por rodar- dice una Lola espachurrada en el sofá y con las manos sobre su barriga.
-Nada de eso Lola, vamos a digerir bien la comida- dice Sergio levantándose del sofá- hora feliz! Mojitos y Gin tonics ! - y con esa simple frase se gana los aplausos de Lola y William. Así que vamos Sergio y yo a preparar las bebidas.
Nos pasamos gran parte de la tarde jugando al típico juego de mis cumpleaños, el Party! Entre tararear camiones, dibujar, Mojito, mímica y gin tonic acabamos sobre las 7:30 y ya deciden que es hora de irse, me apena un poco porque me lo estaba pasando en grande, y ahora quedarme solos mi niño y yo otra vez me da palo... Por ello le insisto a William en que se quede.
-Will quédate a cenar-
-Que va... Hermanito no puedo he quedado.- me dice sonriendo.
-Vamos quédate y esta noche jugamos a la play en la pantalla grande.- le digo sabiendo que esa es una oferta cuanto menos aceptable.
-Me lo estas poniendo difícil... Pero no, no puedo, lo dejamos para otra vez.- me dice y creo que incluso se ha ruborizado un poco y en ese momento me acuerdo de cuando le vi paseando de la mano de aquella chica morena de cabello rizado y en ese mismo instante le sonrió y dejo que se vaya.
Ahora me encuentro en la soledad de mi casa con mi niño, así que decido coger los juguetes del parque y ponerlos en el suelo para sentarme y jugar con él. Mientras estoy jugando y entre carcajeos y babas me quedo mirando el piano y mi mente viaja al verano de mis 7 años.
Mi madre estaba embarazada de William y mi padre cuidaba de ella mientras estábamos en la playa, ellos estaban bajo la sombrilla y yo estaba en la orilla jugando solito, ya que como sabéis siempre he sido tímido, había un grupo de niños jugando cerca mío y un grupo de tres niñas y un niño que se ve que acababa de aprender andar a mi otro lado. Yo seguían enfrascado en la construcción de mi castillo, y en intentar retirar todos los rizos de mis ojos sin que me entrara arena al darme con las manos. Cuando de repente el niño pequeño que ya había optado por ir ágatas se lleva uno de mis cubos y se pone a jugar con el un poco más allá de donde yo estaba, yo sigo a lo mío y decido dejárselo. Cuando ya estoy terminando mi construcción de la cual estoy muy orgulloso, llega una niñita delgada con el pelo marrón a devolverme mi cubo.
-Ten que antes mi primo te lo cogió- me dice con un inevitable aunque a la vez disipado acento andaluz.
-Muchas gracias por traérmelo- digo levantando la cabeza y mirándola a la cara e inevitablemente a los ojos en los cuales me perdí en ese mismo momento, me encontraba en un mar cálido de chocolate.
-Lo has hecho tu?- me pregunto la niña bajando la mirada para muy a mi pesar hacia mi castillo.
-Eh... Sí- fue lo único de lo que fui capaz de responder. La niña que se la veía más abierta que a mi siguió intentando mantener una conversación aunque yo no la estuviera ayudando mucho con mi timidez.
-Es muy bonito y muy grande.- me dice alabando mi castillo.-¿Como te llamas?-
-Rodrigo- le respondo y no se como pero le sonrió levemente lo que hace que su sonrisa se haga aun más grande.
-¿Y vienes mucho por aquí Rodrigo?.- me pregunta mientras se sienta a mi lado.
-Si bueno por lo menos este verano si, ya que hemos venido aquí de vacaciones dos semanas. ¿Y tu?- le pregunto por fin haciendo acto presente en esta conversación.
-Sí yo si, en verano vivo aquí.
Seguimos hablando un ratito más y de repente la llaman a lo lejos pero no oigo su nombre con claridad.
-Me tengo que ir, adiós Rodrigo.- me dice levantándose de la arena me levanto detrás suya y le pregunto.
-¿Vas a venir mañana? Y otra cosa ...¿como te llamas?!- le digo ella sonríe y sale a correr.
-Seguramente- me responde gritando mientras se va corriendo y aquí me quedo sin saber su nombre.
La queja que emite mi niño me abstrae de mis pensamientos, y sonrío al pensar en aquel verano y en esos ojos que siempre me dan paz aunque no sepa su nombre. Sigo jugando con mi niño y cuando llega la hora lo baño y cenamos. Lo meto en la cuna dormidito y yo me voy hacia mi habitación,me meto en la cama y estoy un par de horas dando vueltas y como estoy bastante desvelado salgo a mi terraza a tomar el aire. Hace una buena temperatura siempre que vayas con una chaqueta, me quedo mirando al cielo mientras me dejo llevar a ver si así me entra sueño de una vez.
No sé cuanto tiempo llevo aquí pero debe ser bastante, cuando de repente escucho el ruido que hace la puerta de la terraza cuando se abre, miro hacia la terraza de al lado y sale Malú, con cara de cansancio y tristeza. Me apoyo en la barandilla lo más cerca que puedo de su terraza y la llamo.
-Chss! Chss!...- se gira y me mira y le sale una pequeña sonrisa lo que hace que la mía se haga más grande aún.-Que tal te ha ido?- prosigo. Seguimos hablando un rato pequeño y cuando pienso que ya es hora de irme ya que ella tiene que descansar me dispongo a despedirme.
-Bueno Malú, yo creo que...- me corta al instante.
-Rodrigo- me dice mirándome dubitativamente a los ojos- te puedo pedir algo?.
-Claro lo que quieras- le digo sonriendo y entonces veo la duda en sus ojos, se pasa una mano por su melena chocolate y suspira profundamente.
-Mejor déjalo, no es nada- su mirada se aparta de la mía rápidamente, quiero saber que es lo que me iba a pedir.
-Va Malú confía en mi, pídeme lo que quieras... Bueno menos meterme en la piscina por favor.- le digo para quitarle peso a la conversación y así volver a ver aunque por poco tiempo la curvatura que hacen sus labios al trasmitir una sonrisa.
-A ver... No sé muy bien como pedírtelo.- baja la mirada un instante para buscar las palabras adecuadas y vuelve a mirarme tan directamente a los ojos que en mi pecho algo crece y no sé bien lo que es.- que si podrías quedarte esta noche conmigo- dice atropelladamente mientras aparta la mirada hacia sus manos.- al llegar a casa me he dado cuenta de que hoy más que nunca me siento sola- continua diciéndome, yo busco su mirada y en ella solo encuentro tristeza. Me paso corriendo hacia adentro de mi habitación y cuando estoy poniendo algunas de las cosas de Jaime en el bolso del carrito me doy cuenta de que no le he dado ninguna respuesta, incluso pensara que he huido... Salgo de nuevo a la terraza corriendo con un biberón en una mano y en la otra pañales y ahí la encuentro apunto de entrarse para su habitación.
-Malú!!! Qué sí, ve abriendo la puerta que no tardo nada- ella se gira limpiando algunas lagrimas y me sonríe.
En menos de diez minutos estoy entrando a casa de Malú con mi niño en el capazo. Escucho una voz que me dice que suba hacia la planta de arriba, al llegar a la que creo que es su habitación golpeo el marco como para que sepa que estoy ahí y pregunto si puedo pasar, me da permiso para pasar y dejo el capazo encima de la cama. Ella al minuto sale del baño y yo nada más verla no puedo evitarlo y me voy acercando deprisa hasta que la abrazo contra mi, a ella le pilla desprevenida lo sé porque en un principio tarda en responderme al abrazo, pero luego pasa los brazos por mi cintura y posa su cabeza mi pecho, yo apego su cabeza a mi con una mano mientras acaricio su pelo y con la otra la pongo a la altura de su espalda y la apego más a mi.
-Que bien que ya estés aquí de nuevo- le digo dejando un beso en el tope de su cabeza.
-Sí, ya ha pasado todo.- responde con una voz casi imposible de oír. Entonces la abrazo más fuerte. No sé cuanto tiempo pasamos abrazados pero poco a poco vamos soltando el abrazo. Cuando ya hemos deshecho el abrazo y estamos uno frente al otro acuno su cara entre mis manos y me acerco a ella para dejarle un beso en la frente.
-Venga vamos a dormir que ya es tarde y tienes cara de cansada.
Como su habitación a parte de estar decorada con un gusto exquisito tiene un par de sillones en uno colocó el capazo de Jaime asegurándome de que no se vaya a caer, y el otro decido que será mi cama por una noche. Cuando estoy acomodando las cosas al rededor del sillón siento que la mirada de Malú se clava en mi espalda.
-Rodrigo, no vas a dormir ahí.- me giro ante sus palabras y la veo retirando los cojines de la cama.- si duermes ahí mañana te dolerá todo por mi culpa y además la cama es lo suficientemente grande como para dejarla vacía. Así que venga!- me fijo por primera vez en su cama y si es verdad que es más grande que la mía, creo que no es una mala opción incluso estoy casi seguro de que si me quedo en el lado ni la molestaré, así que espero a que ella entre en la cama y hago lo mismo por el otro lado y me quedo en ese lado sin moverme mucho para no molestarla. Apaga la luz y me dispongo a dormirme cuando de repente escucho su risita, como la luna llena de esta noche estaba posada sobre nuestro jardín la luz entra por el ventanal me sobra para ver y veo su cara iluminada por la luz de la luna.
-Que te pasa ahora? Le sonrió mientras me giro y me quedo de lado mirándola fijamente ya que ella también está de lado mirándome.
-Por dios Rodrigo así lo único que vas a conseguir es acabar en el suelo, no como, así que te puedes entrar en la cama sin miedo.- me dice mostrando una pequeña sonrisa de lado. Sonrío y me acerco un poco hacia el medio de la cama. Ella pone los ojos en blanco y se acerca a mi. Me coge la mano que tengo reposando sobre la almohada y entrelaza nuestros dedos.
-Rodrigo muchas gracias por quedarte conmigo.- suelto nuestros dedos entrelazados y poso mi mano sobre su cara mientras que el pulgar le pongo sobre sus labios.
-Shh... No me des las gracias, ya sabes que puedes confiar en mi y siempre voy a estar apoyándote.- digo mientras tenía el pulgar sobre sus labios que por cierto no puedo evitar mirar, tiene un tacto tan suave... Cierro los ojos con fuerza para ahuyentar esos pensamientos y vuelvo a entrelazar nuestras manos y dejo un beso sobre la palma de su mano. Y así nos quedamos dormidos yo que en un principio me iba a mantener alejado estoy con nuestras manos entrelazadas en medio de nosotros a la altura de nuestros labios y nuestras frentes separadas por un palmo. La verdad es que así no se esta tan mal... Y ya en brazos de morfeo no puedo evitar cruzarme con un par de ojos marrón chocolate tan cálidos como el sol en un atardecer de verano.


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