CAPÍTULO 33.
Desperté con los primeros rayos de sol que se colaban entre las cortinas, me giré y la vi a ella. Dormida, en paz, parecía un ángel, con todos los pelos en la cara y la boca ligeramente entreabierta, demostraba que no necesitaba nada para ser perfecta... Me acerqué cuidadosamente y aparté el pelo de su cara, ella arrugó la nariz como un gato y revolviéndose se apegó a mí... Me reí, siempre me pasaba lo mismo, pero tenerla abrazada a mi me encantaba... Me volví a quedar dormido, hasta que unos ligeros besos en el cuello me despertaron. Traté hacerme el remolón, pero ella vio la sonrisa que se formó en mi boca, y subiéndose a horcajadas sobre mí me abrió los ojos tirando de mis párpados...
-Buenos díaaas!!- esa energía desde por la mañana no era normal, volví a cerrar los ojos con fuerza mientras ella reía.
-Vamos Diego, no seas vago!- intentó hacer que me moviera pero no lo consiguió.
-Mmm... Un ratito más.- pasé mis brazos por su espalda y la apegué a mí. Ella empezó a reír mientras hacia intentos por escaparse.
-Venga Diego déjame, te dejo tu ratito más, pero va suéltame!- negué con la cabeza divertido, y nos giré para quedar frente a frente.
-Es que no quiero ratito si no es contigo.- sonrió y me pasó la mano por el pelo intentando poner un poco de orden ahí arriba...
-A veces sabes ser mono...- sonreí y me besó, tantos besos y a cada uno mejor. Se volvió a poner sobre mí mientras nuestras lenguas batallaban en el beso, pasé mis manos por su espalda para quitarle la camiseta con la que había dormido, ella me apartó las manos de su cuerpo mientras sonreía con malicia y terminaba el beso. Deslizó sus manos desde mi cuello hasta la cinturilla de mi pantalón, entreteniéndose dibujando el contorno de mis abdominales, se deshizo del pantalón y volvió a su anterior posición. Volví a intentar deshacerme de su camiseta, bueno en realidad mi camiseta, pero no me dejó, me volvió a sonreír de esa manera tan perversa, me mordí el labio y ella levantó las cejas de manera sensual, y sin más empezó a quitarse la camiseta lentamente, mientras me miraba pícaramente... No aguanté más la distancia que nos separaba y me senté aún con ella sobre mí.
-Me vuelves tan loco...- su sonrisa se hizo aún mayor y me besó, un beso que me quemaba por dentro, mis manos no paraban quietas en su cuerpo, dibujaban cada curva de este una y otra vez, las suyas se dedicaban a acercarme a su boca con fuerza. Bajé mi cabeza a su pecho donde me entretuve dejando besos y caricias, mientras pequeños gemidos escapaban de su garganta y me encendían más, si es que se podía... A la vez que besaba su pecho, empecé a jugar con mis dedos en su intimidad, su respiración era cada vez más irregular y sus gemidos más descontrolados hasta que un pequeño grito con mi nombre me hizo entender que el placer la había llenado... Apoyó su frente en la mía mientras intentaba recuperar la respiración, su aliento rebotaba en mi cara, cosa que me hacía sonreír. Empecé a dejar besos a lo largo de su cuello, siguiendo por la línea de su mandíbula hasta llegar a su oreja, donde tiré ligeramente del lóbulo de esta, agarró mi cabeza con ambas manos y me besó, un beso feroz, en el que mordió mi labio inferior con fuerza y tiró de el. Acortamos la poca distancia que separaba a nuestros cuerpos de la unión total, una unión en la que ella era la jefa, ella ponía el ritmo, por cierto un ritmo bastante rico. Coloqué mis manos en sus caderas para ayudarla a mantener el ritmo, ella me abrazó apegándome más aún a ella, nuestras bocas a escasos centímetros respiraban el aire del otro, la vi humedecerse ligeramente el labio inferior con la lengua y ataqué su boca sin más. Rompió el beso y gritó mi nombre, mientras me abrazaba más fuerte, yo me dejé llevar al cielo donde había ido ella. Caímos sobre el colchón aún abrazados, intentando recuperar la respiración.
-Tienes algo que hacer esta noche?- me miró esperando una respuesta.
-Por ahora no, por qué?- una sonrisa se dibujó en sus labios y volvió a apoyar su cabeza en mi pecho.
-Es que esta noche vienen unos amigos a cenar a casa, y he pensado que te podrías venir.- negué con la cabeza, me volvió a mirar pero esta vez seria.
-Por qué no?- suspiré mientras pensaba bien mi respuesta, conociéndola tenía que sonar convincente.
-A ver Malú, no los conozco, y ellos a mí tampoco, seguro que estáis más a gusto sin mí. De verdad muchas gracias por invitarme, pero mejor así.- soltó un bufido y se colocó para mirarme mejor.
-Eso no es una buena excusa, a parte ya me has dicho que no tenías nada que hacer.- estaba esperando una respuesta de mi parte.
-Ya Malú, pero...- me interrumpió en medio de mi próxima excusa.
-Diego déjate de peros ya, y dime por qué no quieres venir?- me pasé la mano por el pelo intentando pensar en algo que decirle, no es que no quisiera ir, es más a mí me encantaba pasar tiempo con ella.
-Malú es que no es que no quiera ir, sólo que pienso que quizás a tus amigos no les guste verme ahí.- rodó los ojos mientras negaba con la cabeza resignada.
-Diego es mi casa, invito a quien yo quiera y punto. Y tampoco somos tantos, cinco conmigo.-
-Vale, voy.- me miró sonriente y se bajó de la cama a buscar su ropa. Hice lo mismo y me vestí.
-Verás como te caen bien.- me dijo mientras se subía en los tacones que había lanzado la noche anterior por los aires.
-Eso espero.- me guiñó un ojo y bajamos a desayunar.
Después de desayunar se fue, y el resto del día se me pasó volando, incluso antes de lo que me hubiese gustado. No es que no quisiera ir, si no que no entendía que pintaba yo ahí... Pero le había dicho que iba a ir. Terminé de arreglarme, una camisa y unos pantalones a juego con esta era lo que había elegido. A eso de las 9 sonó mi timbre, abrí la puerta y era Malú, que iba vestida con un vestido negro que le quedaba como un guante, acompañado de sus taconazos y su incansable sonrisa.
-Vienes? O te vas a quedar toda la noche mirándome así?- reí mientras cerraba la puerta a mi espalda.
-Es que si te pones tan guapa me pierdo...- me regaló una sonrisa y pasamos a su casa, todavía no había nadie, al parecer era el primero en llegar...
-Diego me gustaría pedirte un favor...- la miré esperando a que continuara, pero me hizo una señal para que fuera a sentarme a su lado.
-Te importaría hacer que sólo somos amigos?- le costó bastante soltar la pregunta, yo la miré extrañado.
-No me mires así, es sólo que quiero mantenerlo en secreto un poco más...- continuó explicándome.
-Pero por qué?- suspiró, apoyó su mano en mi rodilla y buscó las palabras con las que contestarme.
-Diego ya sé que esto lo hemos tenido que hablar antes, pero entiéndeme, no quiero que se enteren... No todavía.- el tono casi susurrando de su voz, y su mirada sincera me convencieron. Le di un ligero apretón en la mano que estaba sobre mi rodilla, porque en ese "no todavía" vi reflejada todas mis esperanzas, significaba que más adelante si quería que se enterasen?
-Vale, no te preocupes por eso.- su sonrisa volvió a aparecer, se acercó y me dio un ligero beso en los labios. Se empezó a reír al ver que me había dejado el pintalabios marcado.
-Me queda bien?- negó con la cabeza mientras seguía riéndose.
-A ver déjame que te lo quite...- empezó a borrarlo pasando sus dedos por la zona pintada.
-Listo.-
-Creo que voy a tener que pintarme los labios más a menudo.- volvió a reírse y me dio un ligero golpe en el brazo.
-Mira que estás tonto eh...- sonreí y sonó el timbre. Ella se levantó a abrir la puerta, y la voz que la saludó me resulto familiar... Cuando entraron en el salón, ya supe de que me resultaba esa voz familiar... Era Carlos Rivera, que al verme se quedó asombrado.
-Diego?- Malú lo miró extrañada, mientras él se acercaba a abrazarme.
-Pero que haces por acá? Yo pensaba que seguías en México.- Malú levantó los brazos para que nos callásemos.
-Pero como... Es que os conocéis?- asentimos con la cabeza, pero ella estaba esperando que alguno le explicase.
-Sí, lo conocí en una de las fiestas a las que iba con Elena, y luego coincidimos varias veces.- Malú al escuchar el nombre de Elena cambió la cara.
-La verdad Malú es que Diego es muy buen tipo, pero tú de que lo conoces?- volvió a sonreír mientras nos sentábamos a esperar a los demás.
-Carlos es que Diego es mi vecino.- Carlos me miró sorprendido y volvió a mirar a Malú.
-Entonces él fue quien te...- Malú asintió con la cabeza, yo me había perdido, ella al ver mi cara me explicó:
-Diego es que Carlos sabe como nos conocimos, se lo tuve que contar porque estábamos grabando juntos y en los descansos mi teléfono no dejaba de sonar, que si mi madre, mi padre...- asentí, mientras Carlos se reía de la cara que ponía Malú contando eso.
Estuvimos hablando en hasta que el timbre volvió a sonar, y entraron Malú, Vanesa Martín y Pastora Soler. Nos las presentó a Carlos y a mí, entablamos conversación de manera sencilla. El siguiente en llegar fue José, el hermano de Malú, al parecer era el último.
-Como siempre el último, tú no cambias...- lo regañó su hermana.
-Es que lo bueno se hace esperar...- con ese comentario causó la carcajada general. Comenzamos la velada con risas y bromas, casi todas se centraban en Malú y su hermano José, que al día siguiente comenzaban la gira en Valencia. Malú bromeaba con sus amigas, pero la malagueña se las devolvía con su gracia habitual. La simpatía que desprendía Pastora me dejó asombrado, era una persona muy cercana, bueno las tres se parecían en eso, eran todo frescura, simpatía, naturalidad... Y podía seguir así un buen rato. La cena transcurrió en muy buen ambiente y le siguieron las copas. Me di cuenta que Malú se cogió un refresco, y cuando le pregunté me dijo que al día siguiente tenía concierto y era mejor ir despejada.
En lo que Malú mantenía una animada charla con sus amigas y su hermano, Carlos me preguntó:
-Oye Diego, y Elena?- bebí un trago de mi copa y pensé que responder.
-Elena y yo, ya no estamos juntos. Las prioridades de ella y las mías cambiaron, y en verdad estábamos juntos por rutina, porque sentimientos ya había pocos. Y la verdad es que estoy mejor así, me siento mucho mejor.- me escuchaba atento mientras le relataba lo sucedido. Al final sonrió triunfante mientras asentía con la cabeza, yo lo miré sin entender nada.
-Diego, me di cuenta como se miran, a mi no me engañan los conozco a los dos...- me pasé la mano por el pelo, se suponía que nadie tendría que saber nada...
-Quien?- intenté disimular, pero no funcionó.
-Vamos no te hagas el tonto, Malú y tú, sois algo más que amigos... Y no lo niegues no va a funcionar.- me encogí de hombros ante su atenta mirada.
-Todavía no sabemos que más somos.- me miró incrédulo.
-Pero como no? Está claro...- sonreí mientras la miraba a ella, yo sí que lo tenía claro, la quería.
-Todavía no del todo...- negó con la cabeza incrédulo.
-Pero tú la quieres?- sonreí mientras mi mirada se volvía a desviar hacia ella.
-Sí, es imposible no hacerlo...- su sonrisa me dio la razón.
-La verdad me gustaría que os vaya genial juntos. Cuídala, se lo merece, hay una gran persona detrás de la artista. Creo que ambos os merecéis.- sonreí agradecido, y nos unimos a los demás. A eso de las 4, Vanesa y Pastora dijeron que ya era hora de irse, que la artista tenía que descansar, ayudamos a recoger un poco y nos despedimos, justo antes de salir todos por la puerta Malú le dijo a su hermano:
-José mañana te quiero fresco como una lechuga!- reímos por la cara de José.
-Sí jefa, yo también te quiero.- reímos todos por la contestación de José, mientras Malú negaba con la cabeza divertida. Me fui para mi casa y cuando estaba cruzando el salón, sonó el timbre, me volví para atrás extrañado, fui a abrir y sonreí como un idiota...
-Te vienes a dormir?- su voz de niña pequeña era irresistible, como la propuesta que me acaba de hacer...
-Y quien te dice a ti que no?- su sonrisa se hizo más grande aún y agarró de mi mano tirando hacia su casa.
-Espera que coja las llaves...- reí por su impaciencia, y nos fuimos para su casa.
-Que me has traído porque se ha ido el zoo?- empezó a reírse y se giró a medio camino hacia su habitación.
-Mira que eres tonto eh, pero puedes dormir donde lo hacen ellas, si te apetece, claro...- negué con la cabeza y la besé, había muerto toda la noche por besarla... Fue guiándome mientras nos besábamos, hasta que me choqué con la escalera y casi me caigo. Se empezó a reír, la cogí en brazos, ella no se quejó, si no que apoyó su cabeza en mi pecho mientras sonreía. Hicimos así el resto del camino hasta llegar a su habitación, al ponerla en el suelo de nuevo, se le escapó un bostezo que nos hizo reír a ambos. Nos metimos en la cama y ella se acurrucó entre mis brazos.
-Gracias Diego por venir.- levantó la cabeza para mirarme.
-Gracias a ti por invitarme, me lo he pasado muy bien. Por cierto me han caído bien tus amigas...- sonreí por la cara que puso.
-Te lo dije...- otro bostezo se coló en la frase.
-Anda duérmete.- besé el tope de su cabeza y a los pocos minutos ya nos habíamos dormido...



