domingo, 25 de enero de 2015

Capítulo 43 - Aprendiz del amor.

Estaba seguro de que no habían pasado más de cinco minutos cuando la ví entrar corriendo al parking, le di las luces para que supiese donde estaba aparcado. No me había sido difícil escaparme de la fiesta, Miguel se había ido a su casa en taxi porque no me encontraba por ninguna parte, estoy seguro de que no miraron en el balcón, así que me despedí del resto de mis compañeros y me fui del salón... Le llamaría para disculparme con él... Entró en el coche rápidamente, me quedé mirándola fijamente, estaba deseando poder besarla por fin, ella me miró seria un instante para luego indicarme con la cabeza el camino por el que había venido ella, en el cual ahora había gente.
-Arranca y vámonos rápido.- me abroché el cinturón y ella hizo lo mismo, dejé pasar un coche delante de nosotros y empecé el camino de salida del parking. Al llegar unos metros antes de la barra que nos separaba de la calle, ví el disparo de unos flash dirigidos al coche que iba delante nuestra, giré rápidamente mi mirada hacia Malú que miraba a la calle con miedo, me miró y pude ver en sus ojos auténtico pánico.
-Joder... Que hacemos ahora...?- se desabrochó el cinturón de seguridad, la miré viendo su expresión de horror, agarré su mano para tranquilizarla pero no funcionó de mucho...
-Tranquila Malú, ya lo tengo!- una idea pasó por mi cabeza, me deshice de la chaqueta del traje y la eché en los asientos de atrás, ella me miraba sin entender que hacía.
-Busca en la guantera tiene que haber alguna gorra por ahí... Quizás estén también mis gafas... Sácalos.- no me preguntéis porqué pero siempre en la guantera solía llevar un gorro o una gorra, creo que es porque cuando trataba de peinarme en el coche siempre me daba por vencido y terminaba cogiendo un gorro para tapar el desastre. Sacó mis gafas de sol, pero ni rastro de la gorra, yo mientras seguía tratando de desabrocharme la pajarita, Malú al ver mi torpeza con el broche me la quitó ella y la guardó en su bolso, me puse las gafas de sol y desabroché el cuello y el primer botón de la camisa.
-Que te parece? Salimos así?- su mirada era de completa duda, suspiró mientras buscaba algo en su bolso. Sacó un botecito de colonia supongo y empezó a echármelo en el pelo, usando sus manos para cambiar por completo mi peinado.
-No sé si funcionará, pero es nuestra única opción... Venga vamos...- asentí mientras entraba el ticket en la máquina para que la barra se levantase, nada más subir la cuesta por la que se salía del parking miles de flashes se dispararon en nuestra dirección, un montón de periodistas se abalanzaron sobre el coche haciéndole numerosas preguntas a Malú, ella bajó la ventanilla y para concluir con todas mientras avanzábamos lo más rápido que podíamos dijo:
-Es un honor de verdad, muchas gracias, buenas noches!- salimos por fin del barullo y unas calles más adelante me quité las gafas de sol. Miré de reojo a Malú que tenía su vista clavada en el exterior, aparqué en un hueco que vi a unos metros más adelante y me giré a mirarla, ella seguía embobada con la vista fija en el exterior, apoyé mi mano en su rodilla para llamar su atención.
-Ey, Malú, que te pasa?- su vista cambió y me miró, noté algo raro en su expresión pero no supe descifrar el que.
-No, nada...- agachó la mirada levemente y se removió ligeramente en el sillón.
-Venga Malú, cuéntamelo...- mi voz sonó con paciencia, pero ella seguía sin mirarme, con mi mano agarré su barbilla y la obligué a mirarme.
-Abrázame por favor...- me sorprendió su petición, pero no tardé mucho en rodearla con mis brazos, ella escondió su cara en mi cuello, sus labios reposaba suavemente sobre la piel de mi cuello, y anudó sus manos en la parte baja de mi espalda. Mientras dejaba suaves caricias en su espalda noté como esta perdía tensión y se relajaba entre mis brazos. Se separó lentamente de mi, y me agarró una mano entre las dos suyas.
-Lo siento...- no sé porque lo decía pero su voz sonaba culpable...
-El que? Malú que te pasa?- acaricé suavemente su mano, pero ella no respondía.... Moví mi asiento hacia atrás, para que hubiera más espacio entre el volante y yo, y sin avisar pasé un brazo por su espalda y otro por debajo de sus piernas y la senté sobre mi, en su rostro se dibujó una sonrisa y me miraba divertida. Aunque el espacio era relativamente pequeño me resultaba el mejor sitio del mundo para hablar con ella.
-Me vas a decir ahora que te pasa?- mi voz sonó divertida, ella suspiró y abotonó silenciosamente los dos botones que antes yo había desabrochado, y alargó la mano al asiento del copiloto cogiendo algo de su bolso, volvió a ponerme la pajarita en absoluto silencio.
-Siento que por mi culpa tengas que vivir esto que nos acaba de pasar... No es fácil estar conmigo, no cuando me persiguen día y noche para saber algo de mi vida privada...- acaricié lentamente su mejilla, y me encogí de hombros.
-Me da igual lo que tenga que hacer o dejar de hacer para estar contigo... Porque eso es lo que quiero, quiero estar contigo Malú...- intenté sonar lo más sincero posible, ella apoyó su cabeza en mi hombro y dejó un pequeño beso en mi mandíbula.
-Crees que habrá funcionado?- me refería a el improvisado disfraz para salir del parking, ella se encogió de hombros mientras suspiraba.
-Confiemos en que sí, aunque no será muy difícil identificarte mañana saldrán las fotos de la gala, y sales justo a mi lado... Normalmente no me fotografio con los chofers...- Acaricé su mejilla suavemente mientras le daba una sonrisa para tranquilizarla.
-Estoy seguro de que nadie se fijará en mi, la estrella eres tú...- sonrió amargamente.
-Quizás te canses de esconderte y pienses que esto es un error...- negué con la cabeza, ella levantó su cabeza de mi hombro mirándome esperando a que hablara quizás...
-Sabes lo que creo que ha sido un verdadero error?- me miraba dudosa y negó con la cabeza lentamente.
-El único error que veo yo aquí es el de no haberte besado aún...- me acerqué a su boca peligrosamente, pero paré en el último instante.
-No sé a qué esperas...- su voz sonaba tremendamente sexy, me mordí ligeramente el labio inferior, y uní nuestros labios... Había echado tanto de menos su boca que se me había olvidado lo suave que eran sus labios, su respuesta a mi boca era tan dulce que simplemente me mataba lentamente. Aferró sus manos a mi pelo, las mías fueron a su cara, el beso era lento, saboreando con pausa su boca, esa que tanto había echado de menos, su aterciopelada lengua se enredaba con la mía provocándome, encendiéndome lentamente. Cuando la necesidad de aire se hizo presente entre nosotros mordió mi labio inferior y tiró de él provocando que un gruñido saliese de mi pecho, dejó su frente apoyada en la mía mientras su respiración agitada rebotaba en mi cara, mantenía los ojos cerrados aún. Besé la punta de su nariz y una sonrisilla se dibujó en su cara.
-Te he echado de menos...-sus palabras hacieron que mi corazón se inflara, acaricié su espalda y envolví mis brazos a su alrededor abrazándola contra mi.
-Yo también chiquinina...- oí su risa pegada a mi cuello.
-Que me has llamado?- su voz sonaba divertida aun amortiguada en mi cuello, reí mientras ella acariciaba mi pecho.
-Chiquinina...- volvió a reírse con ganas, volver a escuchar su risa tan cerquita era un auténtico regalo. Me besó, esta vez con hambre, que despertó la mía. Nos devorábamos el uno al otro con ganas, sus manos alborotaban mi pelo, descendí besando su cuello, la temperatura del coche subía por momentos, mis manos viajaron a sus piernas, esas que me volvían loco... Su boca volvió a atacar la mía con intensidad, mis manos se perdieron debajo de su vestido, su respiración se cortó en sus pulmones cuando acaricé suavemente su intimidad por encima de su ropa interior.
-Diego, joder...- su quejido me encendió aún más, y besé su boca con un hambre atroz, puso una pierna a cada lado de mi cuerpo y se sentó a horcajadas sobre mi, sus manos viajaron a toda velocidad a mi cinturón el cual desabrochó hábilmente, se levantó ligeramente para bajarme el pantalón pero tuvo la mala suerte de darse con el techo del coche.
-Auu!- se rascó repetidamente en el lugar donde se había dado, yo empecé a reírme, me miró tratando de parecer ofendida pero se unió a mi risa.
-Mi pequeña patosa...- la abracé mientras ambos nos reíamos de la situación.
-Parecemos dos adolescentes con las hormonas revolucionadas...- opinó sobre lo que había estado apunto de pasar en el coche, asentí divertido, ella volvió a su asiento y yo ajusté de nuevo mi ropa y el sillón. Nos abrochamos el cinturón de  seguridad y pusimos rumbo a casa, durante el trayecto nos dábamos miradas furtivas, una vez la pillé mirándome embobada mientras conducía lo que provocó unas cuantas bromas que recayeron sobre ella. Por fin llegamos a nuestras casas, y al parar el coche se escapó corriendo hacia la suya. Cogí la chaqueta que seguía en los asientos de atrás, me la puse y salí de coche. Entré a su casa y la encontré en el salón, esperándome en medio de la sala, sonreí y me acerqué a ella. Su sonrisa era gigante, aparté un mechón de pelo que me ocultaba uno de sus ojos.
-Malú me gustaría preguntarte una cosa...- asintió, yo intenté esconder lo mejor posible mi sonrisa para parecer serio. Me ajusté la chaqueta bien y respiré profundamente, veía como la intriga iba ganando a su paciencia.
-El qué?- sonreí y agarré su mano, con la tontería me estaba poniendo nervioso. Para mi era importante, busqué dentro de mi corazón para encontrar una frase bonita que decirle, una frase inolvidable, la frase más bonita del mundo quizás, o simplemente encontrar las palabras con las que consiguiera explicarle todo lo que causaba en mi, pero eso era imposible porque ni yo mismo conocía con certeza todas y cada unas de las sensaciones que me llenaban el alma cada vez que la tenía cerca... Pero al mirarla de nuevo a los ojos perdía toda la capacidad de habla, hilar dos palabras coherentes en ese momento era el mayor reto del mundo, y es que me perdía en sus ojos y me quedaba ahí, perdido para siempre, porque aunque ella me había dicho que había aprendido a leerme con una facilidad asombrosa, yo era incapaz de descubrir lo que pensaba.
-Quizás te parezca una tontería, pero...- ella me miraba expectante, sonreí nervioso mientras miraba nuestras manos juntas.
-Venga pero dilo ya!!- su paciencia había terminado, así que respiré profundamente, era el momento, sentí como mi corazón amenazaba con salirse de mi pecho, tomé una respiración profunda, tragué saliva para eliminar el nudo de mi garganta... Un montón de elefantes, porque no se sentían como mariposas, corrían por mi estomago haciéndome sentir más nervioso aún.
-Malú, quiero ser lo más claro posible, estoy tratando de poner en orden todo lo que llevo dentro de mi, pero es imposible... Lo que me dice mi corazón que te diga sale sin orden ninguno y con muy poca coherencia... Y es que lo que se dice desde el corazón es imposible ponerle orden... Quizás a ti te parezca una tontería, pero yo tengo la necesidad de saberlo... Sé que tú eres una persona diferente al resto, que no será fácil, que no podemos asegurar que triunfaremos... Pero te puedo asegurar que el hecho de intentarlo contigo me hará la persona más feliz del mundo, quiero que seas parte de mi vida, me encantaría que me dejaras ser parte de la tuya... Por ese motivo quiero y tengo que pedirte, que... ¿Que si quieres ser mi novia?- solté una risa nerviosa al final de la frase, su mirada mandaba su luz propia a la habitación, sus ojos chispeaban de felicidad y su sonrisa se hizo inmensa, un gran suspiró salió de sus pulmones y algunas lagrimas escapaban de sus ojos, pero esta vez no me importaba que llorara, por la sonrisa de su rostro deducía que era feliz con lo que le había dicho.
-Claro que sí, pero no lo éramos ya?- me encogí de hombros mientras dejaba un beso en su mano.
-Como no sabía lo que éramos, quería asegurarme de que si lo éramos...- rió por mi frase casi sin sentido y se abrazó a mi cuello.
-Te quiero Malú...- me abrazó más fuerte y buscó mi boca, juntó sus labios con los míos muy dulcemente, ignorando las ganas que nos teníamos, un beso a fuego lento, con el que saborear cada rincón de su boca... Esta mujer me volvía loco con solo rozarme, me fue guiando escaleras arriba sin separar nuestras bocas. Al llegar a su habitación la pasión se desató dentro de su cuerpo, me quitó la chaqueta en un abrir y cerrar de ojos y atacó mi boca con ganas, agarré sus manos con las mías, no tenía ninguna prisa, esta noche era nuestra, no teníamos porque correr. La giré de forma que su espalda quedo pegada a mi pecho, aparté su preciosa melena hacia un lado dejando libre así la cremallera de su vestido, besé un lugar perdido detrás de su oreja que causó un escalofrío en ella, continué besando el camino hasta la cremallera, incluyendo cada letra de su tatuaje, me deshice de su vestido lentamente, besando y acariciando cada trocito de piel que iban viendo mis ojos, me agaché a desabrochar sus tacones y deshacerme de ellos. Se giró mirándome con una gran sonrisa, era su turno, me permití observar su cuerpo de arriba a abajo, no necesitaba de nada para estar bonita, únicamente llevaba su ropa interior y me seguía pareciendo la persona más bonita del mundo. Se acercó a mi y empezó a desabrochar la pajarita, que tiró a algún lugar de la habitación, fue desabrochando botones de mi camisa y besando, chupando y mordiendo todo lo que veía a su paso, llegó hasta mi pantalón el cual dejó caer por mis piernas, me lo quité al igual que mis zapatos y los calcetines y centré toda mi atención en ella. Me sonrió pícaramente mientras se acercaba a mi, me besó y su mano fue descendiendo por mi cuerpo hasta acariciar mi zona más vulnerable, un gruñido salió de mi garganta provocando en ella una risita, mis manos viajaron a su culo, apretándola contra mi, esta vez la que soltó un gruñido enloquecedor fue ella. Fuimos andando hacia la cama y la tumbé suavemente, yo hice lo mismo sobre ella, perdiéndome en su cuello, llegando a su pecho, donde me deshice de su sujetador y me perdí disfrutando en esa zona. Su respiración se iba haciendo cada vez más agitada, descendí por su cuerpo besando su vientre, su ombligo, sus caderas... Quité la ultima prenda que la cubría y admiré toda su belleza. Volví a su boca, la cual me atacó con ganas, mi mano viajó hacia el sur de su cuerpo, acariciando su intimidad lentamente, pequeños gemidos fueron saliendo de su garganta, sus manos se aferraron a mi espalda, colé dos dedo dentro de ella lo que provocó que arqueara la espalda ligeramente, moví los dedos dentro de la suavidad de su cuerpo rítmicamente, se contrajo a mi alrededor y mi nombre escapó de sus labios, esperé a que se recuperará del orgasmo besando su cuello, tiró de mi cabeza hacia su boca besándome con hambre, tirando de mi pelo y mordiendo mi boca. Volví a hacer mi recorrido de besos de descenso por su cuerpo, llegué hasta su sur y la miré haciéndole una pregunta silenciosa, su mirada duditativa me hizo trepar de nuevo hasta quedar a su altura, la besé dulcemente mientras acariciaba su mejilla con una de mis manos.
-Malú no quiero hacerte daño, confía en mi...- le pedí con un susurro, sus manos me abrazaron fuerte contra su cuerpo, vi una lagrima salir de unos de sus ojos, la limpié con un beso y llené de besos su cara. No entendía lo que le pasaba con esto, se lo tendría que preguntar algún día.
-Malú, tranquila, no pasa nada...- si no quería yo no la iba a obligar, volví a besarla, perdiéndonos en el laberinto de nuestras bocas.
-Gracias por quererme...- su voz fue un susurro apenas audible sino fuera por nuestra cercanía, sonreí y dejé un beso en su frente.
-Gracias a ti por dejarme demostrártelo.- una sonrisa se dibujó en su cara y me besó con pasión, unió una de sus manos con la mía apretando fuerte.
-Hazlo por favor, demuéstrame que me quieres.- su mirada valiente me hizo quererla aún más, la besé antes de volver al sur de su anatomía, la miré por si se arrepentía pero asintió segura aunque podía notar como su mano temblaba sobre la mía. Empecé a besar su intimidad con cautela y agarró con fuerza mi mano... Escuché varios gemidos salir de su boca y me adentré aún más en su cuerpo con mi boca, su sabor era como ella simplemente perfecto y enloquecedor... Noté una sacudida y un último gemido salió de su garganta antes de que un nuevo orgasmo la invadiera. Me deshice de mi ropa interior y me coloqué entre sus piernas, ella me miró mientras se mordía el labio, sonreí contra su boca y me adentré lentamente en ella, ambos soltamos un gruñido a la vez, era tan perfecta... Nuestra unión iba más allá que la simple unión de dos cuerpos, era la unión de dos corazones, de dos almas. El ritmo de nuestras caderas jugaba con el de nuestras bocas que no se daban tregua, su boca peligrosa me mordía cuando se perdía por mi cuello. Llegamos juntos al paraíso al que nos llevaba la piel, me miró sonriente mientras intentaba calmar su frenética respiración. Entregarnos el uno al otro sin reservas, entregarnos todo lo que teníamos, regalarnos el uno al otro todo el amor que teníamos... Eso era lo único que me importaba, demostrarle que la queria cada día que estuviésemos juntos.
-Te quiero.- me dio un dulce beso en los labios y me abrazó, no pude evitar sonreír y besar su mejilla repetidas veces.
-Yo también, muchísimo.- apoyó su cabeza sobre mi pecho y pasó un brazo rodeando mi cuerpo. Al cabo de un rato la escuché suspirar y la miré, sus ojos brillaban pero en ellos se podía notar el cansancio, acaricé su mejilla suavemente provocando una sonrisa.


-Tengo que contarte algunas cosas...- su voz sonó adormilada y besé su frente.
-Tranquila, mañana habrá tiempo para hablar, ahora descansa.- dejó un beso en mi cuello y se acurrucó aún más en mis brazos. 
Y con ella otra vez entre mis brazos, con el corazón dando saltos de alegría dentro de mi pecho, con su respiración pausada en mi cuello y sus brazos rodeándome, era el hombre más feliz sobre la tierra, no necesitaba nada más, solamente el amor que ella me brindaba y regalarle yo el mío. Tantas batallas habían tenido su recompensa, batallas contra la barrera que ella había puesto entre nosotros, porque ambos teníamos miedo de esto, pero no por eso lo íbamos a destruir, teníamos que aprender juntos, éramos un par de aprendices buscando la felicidad. Ninguna persona en el mundo había nacido sabiendo de todo, la vida es un continuo aprendizaje, pero sé que aprender con ella será lo mejor que me pasará en la vida...


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