domingo, 16 de noviembre de 2014

Capítulo 39 - Recuerdos.

Y aunque su recuerdo siguiese ondeando dentro de mí, estaba tratando de aprender a vivir con ello, porque es mentira eso de que el tiempo todo lo cura... Lo único que consigue el tiempo es hacerlo más llevadero, el vacío que me había dejado su "tienes que olvidarte de mi", si claro, como si fuera tan sencillo...
Y es que la echaba de menos, pero también echaba de menos ese lazo de amistad que habiamos creado en tan poco tiempo, su manera de enfurruñarse cuando nos picábamos a algo, o simplemente su manera de sentarse en un sofá, porque nada en ella era normal...
Y mientras todos estos pensamientos se agolpaban en mi cabeza, terminaba mi jornada laboral por hoy, no estaban siendo mis mejores días pero al parecer nadie se atrevía a decírmelo, aunque yo lo sabia de sobra...
-Diego un momentito por favor.- Miguel, mi jefe, me llamó justo antes de salir de las oficinas, deshice el camino de mis pasos y fui a ver que quería.
-Dime Miguel.- me invitó a sentarme en una de las sillas de su despacho, se reincorporó hacia la mesa mientras me miraba con el ceño fruncido.
-Diego que te pasa? Te veo más decaído que de costumbre, y eso está afectando a tu trabajo, que siempre suele ser brillante, pero estos días parece que lo haya hecho cualquier persona menos tú.- asentí, llevaba toda la razón del mundo, no tenía excusa para haber estado rindiendo a tan bajo nivel...
-Lo sé Miguel, y créeme que a quién más le molesta estar así es a mí... No sé que me pasa... Llevo varios días que no se me ocurre nada nuevo, es como si mi cerebro se hubiese perdido...- me miró asintiendo con la cabeza mientras hacía rodar un lápiz entre sus dedos.
-Yo te puedo llegar a comprender Diego, sé que la gente no es de hierro y tienen mejores y peores días... Pero los que parece que no lo comprenden son los demás...- sabia a quien se refería, el subdirector, Martín, que ansiaba el puesto de Miguel, y los demás accionistas importantes, uno de ellos el padre de Lucas, el que os conté que llamábamos "el impresionista", que quería mi puesto para su hijo... Y yo con mi comportamiento estos últimos días no estaba haciendo nada más que ponérselo más fácil.
-Lo entiendo perfectamente, y te pido disculpas...- asintió mirándome fijamente, me tenía que decir algo más...
-Verás Diego, me gustaría no tener que decirte esto, pero me han pedido que te diga... Que Lucas, Juan y Lara serán los que se encarguen de los próximos proyectos, a ti te han dejado para que termines con los que estás porque y que no te ven capaz...- en realidad me merecía un tirón de orejas, pero lo que habían hecho me parecía excesivo... Contando que del trío que mi jefe había nombrado el único que era más bueno era Juan, mi compañero en la mayoría de proyectos, porque Lucas y Lara eran familia directa de uno de los accionistas y el subdirector respectivamente.
-Miguel sé que me merezco un castigo, pero me parece excesivo! Como me vais a hacer esto?- me sentaba fatal que fueran a por mí de esta manera tan descarada.
-Han sido decisiones de la junta, no he podido hacer nada... Dicen que hasta que no vuelvan a ver que eres capaz de encargarte de los proyectos, los llevaran otros.- me levanté enfadado de la silla, me parecía increíble que al único al que se le mirase con lupa en esta empresa fuese a mí.
-Hasta mañana Miguel!- cuando me disponía a salir, su voz me interrumpió de nuevo, maldita sea pensé, con las ganas que tenía de irme hoy a casa...
-Diego que no se te olvide que la semana que viene es la gala benéfica, te vendrá muy bien para desconectar un poco de todo esto... Te informo que va a ser, en principio, un concierto benéfico, donde el dinero íntegro de la entrada de los asistentes será para la asociación, y luego una cena en las que se harán una serie de donaciones de parte de las personalidades que vayan...- se le veía emocionado con eso de la gala, no pude evitar sonreírle.

Llegué a casa por fin, me tiré en el sofá sin importarme nada más, y es que cuando no te concentras en lo que haces hasta lo que más te gusta o más te apasiona, se te hace pesado, te deja exhausto... Y así llevaba yo varios días en el trabajo, me miraba en el espejo y no me encontraba, había dejado de ser yo y hasta un tonto se daba cuenta... Había estado siendo un irresponsable en mi trabajo y había tenido consecuencias, la verdad aunque me jodiera reconocerlo me lo merecía, pero esto se iba a acabar, tenía que volver mi mejor yo, tenía que encontrarlo. Y para eso primero debía arreglar algunas cosas en mi vida.
Saqué el móvil de mi bolsillo y llamé a Elena, una de las cosas que primero debía arreglar es si ese niño iba a ser mío o no.
-Hola Diego!- su tono intentó sonar despreocupado pero no lo consiguió.
-Elena, necesitamos hablar, te viene bien esta tarde?- tardó varios segundos en contestar como si lo estuviese pensando, la conocía de sobra y no tenía nada que pensar, ella sabia la respuesta que iba a dar desde el primer momento pero le gustaba hacerse la interesante.
-Vale, no tengo nada que hacer, quedamos en tu casa?- no tenía ganas de pensar otro sitio, así que quedé con ella por la tarde en mi casa.

El timbre sonó, era Elena, la invité a pasar y nos sentamos los dos en el sofá, lo suficientemente separados, aunque ella intentara cambiarlo.
-Elena, te he llamado porque necesito que seas clara, y me digas la verdad de una vez.- asintió esperando mi pregunta, inspiré profundamente...
-El niño que estás esperando es mío?- agachó la cabeza, mirando sus manos en su regazo.
-Pues claro que es tuyo, de quién si no?- reí irónicamente, que de quien? Me miró de mala manera, no le había gustado que me riese, pero no me importó lo más mínimo.
-Elena, si ese niño es mío de verdad, me voy a hacer cargo de él, pero para tu información no va a volver a haber nada entre nosotros...- me lanzó una mirada de dolor, lo último que yo quería era hacerle daño, pero debería ser muy claro si quería averiguar la verdad de todo esto.
-Diego, mi amor, nuestro hijo se merece crecer en una familia, con un padre y con una madre, juntos, no separados... Es lo que siempre has soñado, crear tu propia familia, ahora la vas a tener, la vamos a tener.- terminó la frase con una sonrisa, pero a mi no me daban ganas de reír, lo único que quería en este momento era saber la verdad y algo dentro de mi me decía que esta no era la verdad.
-Elena sé de sobra lo que quiero y no quiero, eso lo quería antes, cuando estábamos juntos, pero ahora ya no, ya todo ha cambiado...- me miró con el ceño fruncido, no me entendía.
-A ver Elena, no quiero que te lo tomes a malas ni nada por el estilo, pero no te creo, no me creo que estés embarazada y ese niño sea mío, mío, cuando mientras estabas conmigo andabas con Carlos, y estoy seguro de que pasabas más tiempo con él que conmigo, y no creas que te estoy reprochando nada, gracias a eso me di cuenta de que no nos queríamos... De que lo nuestro se basaba en una simple rutina...- me miró con lágrimas en los ojos, y tuve que recordarme que era especialista manipulándome, aunque sabía que ahora lloraba de verdad.
-Diego, perdóname...- su voz fue apenas un susurro.
-Elena no tienes porque pedirme perdón, lo nuestro se fue apagando y tú te buscaste a otro... Pero lo único que te pido es que me digas la verdad por favor... Si no me lo dices por las buenas, lo haremos por las malas... Podemos quedar mañana por la mañana para ir al médico y confirmar si ese niño es mío o no...- no hablaba, solo se escuchaba su respiración, con cada segundo que duraba el silencio mi nerviosismo iba creciendo.
-Elena es mío o no ese niño?- repetí la pregunta, ignoró mi pregunta y levantó la cabeza de nuevo.
-Diego tienes que aceptar tu papel, te tienes que hacer cargo de nosotros, ahora que te toca la responsabilidad te quieres escaquear...- resoplé, esta mujer cada vez me sacaba más de mis casillas. Eran tan, tan, tan distinta a cuando nos conocimos... O quizás siempre había sido así y yo no me había dado cuenta.
-Elena, te repito que en el caso de que ese niño sea mío, me voy a hacer cargo de él, pero no te confundas aquí no hay un nosotros.- me miró dolida, pero tenía que ser yo el que manejara mi vida no ella.
-Diego hasta hace menos de tres meses, si había un nosotros, por que ya no?- subió el tono de voz, se la veía enfadada.
-Quizás porque me engañaste!? Estoy intentando hacer las cosas de la manera más conveniente para los dos, no lo pongas más difícil, joder!- me cansaban sus formas, parecía que no se daba cuenta de que el mundo gira para todo el mundo no solo para ella... Qué los demás también tenemos una vida y nos merecemos vivirla como queramos, sin que haya nadie que nos manipule a cada segundo.
-Diego pero yo quiero que volvamos, te he pedido perdón... No sé que más quieres que haga.- resoplé y me levanté del sofá...
-Ese es el problema Elena, que siempre ha sido lo que tú has querido, nunca ha importado mi opinión... Quiero que comprendas que ya no podemos estar juntos, que no hay sentimientos que me unan a ti...- se levantó y se acercó a mí.
-¿Me estás diciendo que ya no me quieres?- su voz sonó enfurecida y dolida, respiré profundamente intentado calmarme, no nos hacía bien a ninguno de los dos gritarnos, no íbamos a ganar nada subiendo los decibelios de nuestras palabras.
-Elena, no es que no te quiera, es que me he enamorado! De alguien que si entiende y le importa lo que pienso.- se quedó callada, volvió a sentarse en el sofá.
-Me vas a decir de una vez si es mío o no ese niño?- estaba seguro de que no era mío, y su actitud me lo confirmaba cada vez más.
-No, no es tuyo contento?- suspiré de alivió, me había quitado un gran peso de encima, y no es que ese niño me pareciera una carga, la que me parecía una carga era Elena.
-Entonces por qué me has engañado?- por su culpa Malú me había apartado de su vida pensando que se estaba metiendo en medio de una familia, que ahora no existía, ni iba a existir.
-¿Por qué cojones viniste a decirme que estabas embarazada y el niño era mío? ¿Por qué Elena? ¿No me has engañado ya suficiente que querías seguir riéndote de mi?- la rabia se abrió paso por mi cuerpo y exploté, me había jodido pero bien, si no hubiese venido ese día, Malú y yo no estaríamos así... Nada estaría así, todas las consecuencias que había tenido su acto me jodian ahora aún más.
-No sé, no lo sé... Tenía la esperanza de que ibas a querer volver conmigo cuando te dijera que estaba esperando un hijo tuyo... Pero ahora me dices que estás enamorado!!- su voz había subido unos cuantos tonos a medida que hablaba.
-Te piensas que eres el centro del mundo, y que todos vamos a estar para tus caprichos, pero no, no es así... Elena me da miedo en esto que te has convertido, antes eras diferente...- intenté que entrará en razón y se diese cuenta de todo lo que estaba perdiendo por volverse una manipuladora.
-Cállate! Tú no sabes nada de como era antes o soy ahora! La gente cambia! Y hablando de cambios aquí él que más ha cambiado eres tú! Se ha enamorado por fin el hombre que no sabe amar, él que no te deja llegar a su corazón... Siempre has puesto una barrera entre nosotros, siempre con la excusa de tu pasado... Y ahora me echas la culpa a mi de que he cambiado... ¿Te piensas que esa de la que dices que te has enamorado te va a querer? A ti, a un hombre que no sabe lo que es amar, que no tienes ni idea de lo que es querer a alguien de verdad, te pasas la vida escondiéndote en tu pasado para no exponerte... A un hombre que en definitiva tiene más sombras que luces...- el nivel de desprecio que había en sus palabras me dolió, había cosas que dolían y otras que dolían aún más todavía, y ella las había juntado todas y me las había escupido en la cara. No quería seguir discutiendo con ella, había descubierto ya la verdad, si seguíamos hablando lo único que íbamos a conseguir sería hacernos más daño con cosas que nunca nos habíamos atrevido a decirnos.
-Elena, ya he escuchado suficiente... Márchate.- me miró sonriente mientras limpiaba con fuerza alguna de las lágrimas que salían de sus ojos.
-Que pasa? Cuando te dicen verdades te quedas callado?- apreté los dientes para no decir nada ofensivo y la acompañé hasta la puerta. Cuando se fue me apoyé en la puerta y respire profundamente, había sentido un gran alivio al escuchar que ese niño no era mío... Desde que supe la noticia había sentido un gran peso, la responsabilidad de darle a ese niño una familia, que sabía de sobra que no existía...
Quizás Elena llevase razón en todo lo que había dicho sobre mí o quizás no, pero sus palabras se repetían una y otra vez en mi cabeza, dejándome una sensación de malestar en lo mas profundo de mi pecho... ¿Era verdad que me escondía? ¿Que no sabía querer a nadie? ¿Me podría llegar a querer alguien? ¿Me quería Malú, era capaz de hacerlo? Tantas preguntas y ninguna respuesta, y en momentos como este agradecería tener a esa madre o padre que me aconsejara, que me guiara, que me ayudara a no equivocarme... Me habían hecho siempre tantísima falta, se habían ido demasiado pronto, tanto ellos como mi hermano, sonreí con amargura al recordar a mi hermano, un hermano mayor demasiado alocado al que le apasionaba la música, desde que me alcanzaba la memoria siempre lo había visto con su guitarra en las manos, aprendiendo a tocar alguna nueva melodía o simplemente inventando las suyas propias, y me sentaba a verlo, y ahí nos quedábamos las horas muertas, yo disfrutando con sus notas y él revolviendo a sus musas... Y es que la vida te da tanto, que asombra, pero a mi me lo había quitado muy pronto, no los había empezado a disfrutar cuando de repente ya no estaban... Una lágrima solitaria recorrió mi mejilla, nos quedaron tantas cosas por hacer a los cuatro juntos...
Me dirigí a mi habitación y saqué mi vieja guitarra, tanto tiempo sin verla que casi se me había olvidado como era, la saqué de su funda y la dejé encima de la cama, saqué la vieja carpeta que había dentro de la funda y vi los amarillentos folios, eran trozos de alguna melodía, creadas en gran parte por mi hermano, había algunas también que eran mías, pero las suyas eran infinitamente mejores... Eran simples melodías, sin letra, sin estribillo, creadas por un niño con una gran ilusión, la música... Era lo único que me quedaba de él, nunca había tocado ninguna melodía de las compuestas por mi hermano, sólo las miraba y trataba de recordar cuando la había creado, recordando la cara de mi madre cuando lo veía tocar y el orgullo de mi padre cuando Luis nos enseñaba algo nuevo. Parecía mentira, pero después de tanto tiempo me dieron ganas de tocar la guitarra, mientras punteaba notas sin sentido, sentí esa sensación que había creído perdida en el pasado, la sensación de que algo nuevo se estaba formando, una melodía, no sé si era el sonido de la lluvia contra el cristal, o la mierda de día que había tenido, pero la inspiración que había perdido, volvía, mis dedos obedecían muy torpemente lo que mi cerebro estaba creando, busqué rápidamente un boli y un trozo de papel, escribí eso que se había ido formando en mi interior poco a poco, vacié todo lo que tenía dentro en esas notas, vertí en cada nota mi yo, volví a tocarla, esta vez más pausadamente y al terminarla, algunas lágrimas descendían silenciosas por mi cara. Yo no tenía criterio para decidir que una melodía era buena o no, pero esta simplemente era mía, era yo, unas cuantas notas que se repetían en la hoja de papel con la misión de tratar de explicarse por medio de la música.


Y es que la música me había sido de gran ayuda siempre, y hoy lo volvía a hacer, haciéndome verter todo lo que sentía en pocas notas, sin muchos adornos, sin muchas complicaciones, mi corazón más tocado que nunca se quedaba con esas notas para siempre, esta era la mejor manera de desahogarse, y al finalizar se me vino la imagen de su mirada antes de marcharse de ese camerino donde terminó todo... Y eso hizo inevitable la sensación de soledad que me invadió en ese momento...
Las palabras de Elena volvieron a mi mente, y aunque pensemos que las palabras son eso, palabras, y que se las lleva el viento, estamos muy equivocados, las palabras en muchas ocasiones duelen más que los actos... ¿Y si mi destino era estar solo? ¿Y si era verdad que no sabía compartir con nadie? Mientras mi mente divagaba sobre qué sentido tenía la vida para mi, vi por la ventana encenderse la luz de su habitación, y la vi a ella, su perfecta silueta entre las cortinas, parece que estaba hablando por teléfono... Suspiré y decidí que lo mejor sería salir de la habitación. 
Después de cenar me puse a ver la tele, no había nada decente que ver, pasaba canales por pasar el rato, ya estaban los anuncios de la Navidad, cada vez empezaban antes... Y no es que no me gustase la Navidad, antes como a cualquier persona me encantaba, pero cada vez lo veía más como una celebración meramente comercial, que necesidad había de esperar a una fecha concreta para compartir con tus seres queridos? Y además la Navidad me hacía acordarme de ellos, y de las navidades que hubiésemos podido compartir... Como no encontré nada que llamase mi atención decidí aprovechar el tiempo y cogí el portátil, me puse a trabajar en los únicos proyectos que aún tenía, me costó bastante hacer algo bueno, pero al final lo conseguí, salieron algunas cosas buenas que no me esperaba conseguir hoy... Cuando miré la hora, me di cuenta de que había estado casi 3 horas trabajando y no me había dado cuenta... Apagué el portátil y cuando me disponía a subir a la habitación sonó el timbre, me extrañó muchísimo, eran las 1:30 de la noche... ¿Quién podría ser?


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