sábado, 23 de abril de 2016

Capítulo 48 - Disfrute.

Los días iban pasando, Malú estaba hasta arriba de trabajo con la final de la voz y apenas nos habíamos vuelto a ver. Era miércoles, estaba deseando que llegara el fin de semana para descansar... Me encontraba en mi oficina trabajando, desde que hicimos el proyecto de la residencia canina con su posterior publicidad teníamos más trabajo que nunca, al parecer nos habíamos abierto muchas puertas... 
Mi móvil comenzó a vibrar en el bolsillo de mi pantalón, contesté sin mirar quien llamaba.

-¿Si?- continúe anotando en unos planos algunas acotaciones, hasta que la risa del otro lado me hizo sonreír como un auténtico idiota.

-¿Te pillo bien?- sonreí ante su tonta pregunta, dejé momentáneamente el trabajo y me recosté en el respaldo de mi silla.

-Sí, claro! ¿Qué tal lo llevas? ¿Nerviosa?- su risilla me dio a entender como se encontraría en estos momentos, hoy era la final de la voz y yo tenía asumido que ella con David Barrull iba a ganar.

-Estoy que me subo por las paredes... Por eso te he llamado, necesitaba distraerme...- sonreí a más no poder ante su voz de niña, estaba seguro que ella estaba haciendo lo mismo. Estuvimos hablando de cosas triviales, hasta que una idea pasó por mi cabeza.

-Malú ¿estás haciendo algo importante?- pregunté de manera casual. 

-No, nada... Esperar a que de la hora para irme a los estudios, ¿por?- sonreí por su curiosidad, siempre que le proponía hacer algo me asaltaba a preguntas y me encantaba ese entusiasmo de su parte. 

-He pensado, que si no tienes nada que hacer, y te apetece... Puedes venirte aquí y comemos juntos, así de paso te distraes un poquito...- no sabía si iba a querer venir hasta aquí y estar encerrada en la oficina conmigo, si por mi fuera saldría ahora mismo para su casa pero estaba hasta arriba de trabajo, hoy no me podía escapar... 

-Me parece un plan genial, solo te aviso, a los diez minutos de tenerme alli me vas a querer echar.- su carcajada final me contagió y no pude evitar reírme. 

-Estoy dispuesto a correr ese riesgo si a cambio te veo.- le di la dirección de la empresa y me dijo que cuando estuviese abajo me llamaba. Nos despedimos y continúe trabajando, hasta que a la media hora más o menos volvió a sonar mi móvil. 

Bajé a buscarla, la encontré en la entrada mirando su móvil, me acerqué a paso ligero a ella y aunque me moría por besarla me tuve que contener. 

-Buenos días preciosa!- susurré llegando a su altura, ella me miró detras de sus gafas de sol y sonrió ampliamente. Nos metimos en el ascensor y pulsé el botón 9 donde se encontraba mi oficina, en los pisos superiores se encontraban las oficinas de los jefes y por debajo del mio salas de reuniones y oficinas conjuntas, yo tenía el privilegio de contar con una oficina propia para mi solo, cuando comencé trabajaba en las oficinas conjuntas y aunque era más divertido también era bastante más complicado concentrarse para trabajar. 
Llegamos a la planta 9, afortunadamente todos estaban en sus puestos trabajando y pasamos directamente a mi oficina sin ningún problema. 

-Bienvenida...- sonreí mientras ella miraba curiosa a su alrededor, mi oficina no era inmensa como la de los pisos superiores, pero si acogedora. Habia un gran escritorio donde habitualmente trabajaba, cerca del gran ventanal un sofá y dos sillones acompañados de una mesa pequeña como una zona más relajada y también contaba con un pequeño aseo. 



-Guau! Que chulo...- me miró con una amplia sonrisa, no hacía falta ser muy listo para saber que tenía un buen puesto en la empresa, y a juzgar por su mirada ella se había dado cuenta.-Como te lo montas ehh...- bromeó mientras soltaba su bolso y su abrigo sobre uno de los sillones, me giré para cerrar las persianas que daban al pasillo y así tener más intimidad. La escuché andar por la oficina, me volví a girar y me la encontré andando lentamente hacia mi, sonreí mientras ella hacía lo mismo. 
Cuando llegó a mi altura rodeó mi cintura con sus brazos y se quedó mirándome fijamente, sus ojos me sometían a un embrujo, era capaz de quedarme perdido en ellos toda la vida. 

-Te he echado de menos estos días...- confesé mientras acariciaba suavemente su mejilla, me miraba aún con una sonrisa en su rostro. 

-Yo también...- hizo un pequeño puchero que me pareció adorable, no pude resistirlo y me incliné hacia su boca, nuestos labios encajaban como si fueran un puzzle, nos besábamos sin prisas, disfrutando del momento... Sus manos se enredaron en mi nuca mientras que la mías viajaban libremente por su espalda describiendo cada una de sus curvas. Cuando la necesidad de aire se hizo presente nos vimos obligados a romper el beso. 

-No sé cómo lo haces, pero tienes la extraña manía de tranquilizarme...- mantenía aún los ojos cerrados mientras enredaba los dedos en mi pelo, sonreí inevitablemente ante sus palabras, me mataba como y cuando ella quería.

-Me alegro de hacerlo...- dejé un beso en su frente mientras ella sonreía ampliamente. En un rápido movimiento volvió a atacar mi boca, esta vez con más intensidad, tiró del cuello de mi camisa para acercarme aún más a ella y profundizar más el beso. Su lengua me estaba volviendo completamente loco, noté como sus manos desabotonaban mi camisa rápidamente y se perdían acariciando la piel que veían a su paso... No fui consciente de que estabamos andando hasta que caímos los dos sobre el sofá, su respiración estaba agitada, abandonó mi boca para descender volviéndome más loco aún por mi cuello. En un rápido movimiento se sentó a horcajadas sobre mí volviendo a atacar mi boca con un hambre atroz, mis manos se colaron debajo de su jersey acariciando su final piel, me perdí por su cuello mientras ella trataba de regular su respiración. Mis manos descendieron por su torso hasta encontrar el botón de su vaquero que desabrocharon rápidamente, metí una de mis manos dentro de este y acaricié su intimidad por encima de su ropa interior, un gemido salió de su garganta volviéndome completamente loco... Esto no podía estar pasando aquí... Cualquiera nos podría pillar... Con toda la fuerza de voluntad que encontré paré de acariciar su cuerpo, ella me miró extrañada.

-Cariño esto no puede pasar aquí, cualquiera podría entrar...- acaricié tiernamente su mejilla, sus ojos se abrieron como cayendo en cuenta de que eso podría pasar, se levantó rápidamente de mis piernas y arregló sus ropas.

-Será mejor que me vaya, lo siento...- hablaba sin mirarme mientras recogía su abrigo y su bolso, la miré con el ceño fruncido mientras la agarraba del brazo para que se detuviese. 

-No tienes que irte... Me gusta tenerte aquí...- su mirada seguía baja, agarré delicadamente su barbilla y la obligué a mirarme, su rostro era serio, cerró los ojos suspirando. 

-Diego mira como tienes la mesa, estás hasta arriba de trabajo, y yo aquí molestando... Ya nos vemos luego...- esta mujer era la mujer más cabezota del mundo. 

-Malú si te he dicho que vinieses es porque me apetece estar contigo, no molestas, también necesito distraerme un poco de esa mesa... Y que mejor distracción que tú?- sonreí pícaramente mientras una risilla escapaba de la garganta más querida de España, por lo menos había conseguido hacerla reír. 

-Que idiota eres...- me pegó cariñosamente en el brazo mientras se ponía a abrochar los botones de mi camisa. Sonreí mientras observaba su rostro detenidamente, era simplemente perfecta... Me encantaba todo de ella, su bipolaridad momentanea, cuando se mostraba tierna, cuando era más perversa... Sencillamente para mi era perfecta.

-¿Que te parece si termino unas cositas que me faltan y comemos?- asintió sonriente mientras se sentaba en una de las sillas que había al otro lado del escritorio y me observaba atentamente. Tengo que reconocer que me pertubaba su mirada, pero al mismo tiempo estaba feliz porque observase lo que hacía, creo que su bipolaridad era contagiosa. No pasaron mas de veinte minutos cuando había terminado con el proyecto, guarde todos los planos en su respectiva caja, despejando así gran parte del escritorio... Guardé también el trabajo que había en mi ordenador en un pen y lo metí en mi mochila. Ella me miraba atenta a todo lo que hacía, me causaba mucha ternura. 

Decidimos que yo bajaría al bar a por la comida y comeríamos en mi oficina los dos, después de ignorar todos sus intentos de que me llevase su dinero para pagar la comida me dejó salir de mi oficina. No tardé mucho en subir con la comida, al entrar en mi oficina la vi de pie delante del gran ventanal mirando la ciudad tranquilamente. Me acerqué en silencio, dejando la comida sobre la mesa pequeña y la rodeé con mis brazos, puso sus manos sobre mis antebrazos acariciandolos suavemente. 

-Me encantaría poder pasear por la calle contigo de la mano y que no pasara nada...- sonreí y dejé un beso en su hombro, a mí también me gustaría. 

-No te preocupes por ello, esto ya lo hemos hablado...- se giró despacio entre mis brazos y dejó un tierno beso en mis labios. 

Nos sentamos en el suelo apoyados en el sofá, mientras disfrutábamos de la comida hablábamos de cualquier cosa, se notaban sus nervios, me resultaba muy graciosa así... Si era difícil verla quieta cuando estaba tranquila no os podéis imaginar cuando estaba nerviosa... 

-Oye Diego, una pregunta... Estas navidades, ¿cómo las vas a pasar?- realizó la pregunta con sumo cuidado, no quería parecer indiscreta. Me encogí de hombros mientras lo pensaba, supongo que una noche iría con mi prima, como solíamos hacer todos los años... Y la otra noche siempre la solía pasar con Elena y sus padres... Supongo que este año una noche sería para mí sólo...

-En principio no tengo nada pensado... Supongo que con mi prima y la otra noche aún no lo sé...- hablé de manera despreocupada, ella agarró mi mano mientras me miraba tiernamente. 

-Te lo digo por si una noche no tienes plan, te podrías venir con nosotros... Solemos celebrarlo en mi casa, te pilla al lado.- sonreí por su propuesta, pero en verdad yo no pintaría nada ahí, eran unas cenas familiares y no me parecía bien interrumpir por la cara. 

-Malú, agradezco tu invitación, pero esos días son para pasarlos en familia, no creo que pinte nada ahí...- traté de ser lo más claro posible, no quería que se pensase que no me gustaría estar con ellos, simplemente que son momentos parar pasarlos en familia no con un desconocido al otro lado de la mesa. 

-Diego tú para mi te has convertido en una persona muy importante en poco tiempo... Quiero que lo tengas claro. Entiendo lo que dices, y es más pienso igual que tú... Pero no quiero que te quedes solo, más que nada porque ya no estás solo.- sonreí ante sus palabras y dejé un beso en su mejilla, ella sonriente siguió disfrutando de su comida.
Terminamos de comer cuando me acordé de que tenía una cosa para ella.

-Malú tengo una cosa para ti, me la dieron hace algo de tiempo y se me había olvidado dártela.- me miró intrigada, me levanté hacia mi escritorio y busqué en mi cartera el dibujo que le había hecho Sergio. Me acerqué y se lo entregué, sonrío ampliamente mientras me miraba enternecida.- Sergio me dijo que se lo tenía que dar a su amiga Malú...- su risa no de hizo esperar.

-Que niño tan bonito por favor! Es que dan ganas de comérselo!- reí ante su entusiasmo, no podía ser más adorable. 
Estuvimos hablando de más cosas, le pregunté por su amiga Vero y la niña, me dijo que Vero ya estaba algo mejor y que hoy se habían ido al zoo, pero que se iban este finde ya para Valencia. Se notaba que las quería mucho a las dos... Entre unas cosas y otras llegó su hora de irse... 

-Bueno Diego, me voy! Me ha encantado pasar este ratito aquí contigo de verdad! Muchas gracias por aguantarme hoy!- su risa llegó a mis oídos mientras ella terminaba de recoger sus cosas, reí mientras me acercaba por detrás y dejaba un beso en su cuello. 

-No me des las gracias tonta, para mi es un placer tenerte conmigo en cualquier parte, lo sabes de sobra.- rodeó mi cuello con sus brazos mientras me miraba detenidamente, por su expresión supe que quería decirme algo pero no lo tenía del todo claro.- Venga, dilo...- la animé, una sonrisa tímida se dibujó en su cara mientras enredaba sus dedos en el pelo de mi nuca. 

-Vente esta noche a la final...- su cara tras la frase fue la más tierna que existía, sabía como ganarme y lo demostraba cada vez que le apetecía. Cómo iba a negarle nada si me miraba así... 

-Y quién te dice a ti hoy que no?- reí por su cara de ilusión, quedamos en que luego me llamaría para avisarme de la hora y por donde debería entrar. Se marchó después de agradecerme de nuevo por haber pasado ese rato con ella, y yo recogí lo que nos había sobrado de nuestra comida y continúe trabajando. 

Asombrosamente avancé bastante en el trabajo, así que pude salir un poco antes para casa, subí directamente al baño para ducharme y arreglarme. 




Terminé en cuestión de 40 minutos, agarré mi abrigo y salí para los estudios Picasso. Iba conduciendo y a medida que me acercaba a mi destino me ponía más nervioso, no entendía muy bien el porqué, que ella me hubiese invitado a estar acompañándola en este momento era muy importante para mí. Pero en ese plató habría muchísima gente, pendiente de ella, entre ellos yo. Y quizás esa era una de las cosas que más nervioso me tenía. Al llegar aparqué en el primer hueco que vi libre y fui andando hasta la entrada, había una mujer esperándome.

-¿Eres Diego?- asentí mientras ella me miraba de arriba a abajo, me ponía nervioso que me observasen... Me pidió que la acompañara y llegamos a una pequeña sala vacía, tan solo constaba de unos pequeños sillones y una mesa entre ellos. -Siéntate, ahora vienen a buscarte.- asentí y le agradecí por traerme hasta aquí. Me quedé sólo en la sala, esperando a ese alguien que iba a ir a por mi. Me quité el abrigo, y lo coloqué sobre mis piernas mientras miraba aburrido la puerta. 
Tras unos largos 10 minutos la puerta se abrió lentamente y ahí apareció esa persona que me tenía completamente loco. Al verme cerró la puerta y vino rápidamente a abrazarme. 

-Gracias por venir...- susurró en mi oído mientras se abrazaba más fuerte a mí. Sonreí mientras respiraba su perfume, se separó ligeramente de mi y pude admirar lo guapa que iba.

-Estás guapísima!!- la hice girar sobre ella misma mientras un ligero rubor se dibujaba en sus mejillas, sonreí por ese motivo.

-Tú también estás muy guapo!- dijo mientras se acercaba lentamente a mí, sonreí viéndola venir... Con los tacones quedaba a mi altura, me miró directamente a los ojos, mientras rodeaba con sus brazos mi cuello.- Me gustaría que conocieras a alguien muy importante para mí...- su sonrisa era todo lo grande que os podáis imaginar, sus manos jugueteaban con el pelo de mi nuca mientras ella me miraba esperando una respuesta. Asentí mientras dejaba un beso en su frente, una sonrisilla traviesa se dibujó en su cara, me puso nervioso.

-¿Puedo saber quién es?- pregunté mientras ya salíamos de la sala y caminábamos por los pasillos. Iba a mi lado caminando graciosamente sobre esos andamios, giró la vista ligeramente a mi y me guiñó un ojo. Llegamos a una puerta donde ponía su nombre, su camerino, me agarró la mano y me miró divertida.

-Vas a conocer a mi madre...-

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