lunes, 5 de octubre de 2015

Capítulo 46 - Un paso más.

-Te apetece que salgamos a comer por ahí? Es que no tengo ganas de cocinar...- su voz cansada me hizo sonreír.

-Lo que quieras, pero si estás cansada puedo cocinar yo.- le guiñé un ojo mientras ella sonreía, puso cara de estar pensando, me encantaba esa cara, en verdad es que me encantaba todo de ella. 

-Me apetece salir contigo por ahí...- puso una expresión demasiado adorable tras la frase y no pude evitar la sonrisa de tonto que se dibujó en mi cara. 

-Como tu mandes jefa.- reí ante la mirada que me echó, finalmente se unió a mi risa. 

-Que idiota eres...- me pegó un ligero codazo mientras reía.

-Ya pero te molo.- su sonrisa iluminó toda la casa en ese momento, me acerqué y la besé no me pude resistir, jugó en mi boca durante algunos segundos hasta que rompió el beso. 

-Demasiado...- su afirmación me hizo morir lentamente, mi cara debía ser en ese momento de auténtico idiota.- Venga quita esa cara de tonto y vamos a arreglarnos.- la obedecí y me encaminé hacia mi casa, busqué algo apropiado por mi fondo de armario. 


Terminé de peinarme y fui de nuevo hasta su casa, había dejado la puerta abierta así que subí en silencio a la habitación, me apoyé sigilosamente en el marco de la puerta mientras observaba como se vestía, ese pequeño cuerpo me perturbaba demasiado.

-Pasa, no te quedes ahí...- me sorprendió que se hubiese dado cuenta de que me encontraba ahí, andé hasta abrazarla por la espalda.

-Eres un espectáculo...- apoyé mi cabeza en su hombro mientras escuchaba su melódica risa.
Su perfume era embriagador, arrimé mi nariz a su cuello para disfrutar de su aroma. 

-Para, me haces cosquillas...- se removió ligeramente, pero la mantuve en el sitio agarrando sus caderas con mis manos. Aparté el pelo de su cuello y me sumergí en la suavidad de este, fui besando cada trocito de piel que veían mis ojos, un ronroneo salió de su garganta volviéndome loco. Seguí disfrutando de su piel un ratito más mientras ella simplemente se dejaba hacer.

-Diego, vamos a llegar tarde...- su voz fue apenas un susurro, sonreí y me permití mirar su cara, tenía una gran sonrisa mientras mantenía los ojos cerrados. 

-Es que me vuelves loco...- tiré del lóbulo de su oreja con mis dientes, sabía perfectamente lo que eso causaba en ella. Una queja brotó de su boca y no pude hacer otra cosa nada más que reírme. Se removió ligeramente pegando su trasero contra mi entrepierna, un gruñido involuntario de escapó de mi garganta y la escuché reírse. 

-Cariño, recuerda que a esto podemos jugar los dos...- su voz era risueña, sonreí mientras dejaba varios besos a lo largo de su cuello. 

-Lo vamos a dejar en empate...- susurré en su oído, ella era más que especialista en perturbarme. Me separé y ella entró al baño a peinarse, me apoyé en el marco de la puerta mientras la observaba embelesado. Me miró a través del cristal sonriente y comenzó a maquillarse, yo seguía embobado mirándola y es que hasta maquillándose a mi me volvía loco.
 
-Espérame abajo, que me estás distrayendo...- una carcajada se escapó de mi garganta mientras abandonaba la habitación, me senté en el sofá sonriendo aún como un auténtico idiota... Estaba tan feliz, me apetecía gritarlo, que se enterase todo el mundo del motivo de mi felicidad. 
A los pocos minutos bajó Malú, al mirarla no pude hacer otra cosa nada más que sonreír como un auténtico idiota, esta mujer estaba espectacular con cualquier cosa que se pusiese. 

-¿Que tal voy?- su pregunta me hizo sonreír más aún si es que eso se podía.
-Preciosa...- una tímida sonrisa apareció en sus labios haciéndome morir de amor lentamente. Me acerqué a ella quedándome a escasos centímetros de su cuerpo, pero sin llegar a tocarla, irradiaba sensualidad por todos sus poros... La miré de manera descarada de arriba a abajo mientras ella me observaba atentamente. 

-No me mires así que me da vergüenza...- me tapó los ojos con una de sus manos mientras se reía. 

-¿Ahora te va a dar vergüenza?- su risa me hizo sonreír, traté de quitar su mano de mis ojos pero no me dejó, aferró su otra mano en mi nuca manteniéndome quieto y sin previo aviso unió nuestros labios. Un escalofrío me recorrió la espalda al sentir como su boca se juntaba con la mía y es que creo que nunca me dejaría de impresionar por mucho tiempo que pasase... Cuando su piel me rozaba me sentía vulnerable, sí aunque parezca extraño, ella me tumbaba todas las barreras que con los años sin querer había ido creando con mis miedos, tenía un poder especial sobre mi cuerpo y sobre mí, la combinación de todas éstas cosas era simplemente perfecta, con ella me sentía así, pleno...

Salimos para el restaurante en su coche, por supuesto, ella conducía como tratar de hacerla cambiar de opinión... 

-Oye Diego, ¿te has dado cuenta de una cosa?- su voz sonaba ilusionada, aprovechó el semáforo en rojo para mirarme, la miré intrigado ¿a que se refería? 

-¿Que cosa?- volvió a mirar al frente mientras renaudaba la marcha.

-Es nuestra primera cita...- una risita adorable salió al final de la frase, y yo no pude evitar sonreír como un tonto. Normalmente cuando vas a tu primera cita con la chica que te gusta te sientes nervioso, las conversaciones son prudentes intentando saber cosas nueva de esa persona, por ningún motivo quieres parecer nervioso pero enseguida te delatas tú mismo... En cambio nosotros ya lo sabíamos casi todo del otro, sabíamos como ponernos nervioso el uno al otro en cualquier situación, se supone que esto no era lo normal, pero que es normal con Malú... Y la verdad es que estaba encantado de que fuera así.

-Nada en nosotros va a ser normal verdad?- sonreí mientras acariciaba suavemente su mano, su mirada se apartó momentáneamente de la carretera y me miró con gesto de preocupación.

-Ey!!! Pero que me encanta que sea así... Si estamos juntos para mi ya es perfecto.- una sonrisa se dibujó en su rostro mientras aparcaba el coche. 
Entramos al restaurante y ella se saludó cariñosamente con el encargado que nos llevó a nuestra mesa. La mesa estaba algo apartada de las demás y eso nos daría más privacidad. Nos sentamos uno en frente del otro, al momento llegó un camarero a dejarnos las cartas, mientras Malú miraba la carta con atención yo no podía dejar de mirarla a ella, estaba radiante, con una sonrisa casi permamente en su rostro y sus ojos brillaban con un toque especial.

-¿Sabes ya lo que vas a pedir?- su voz me sacó de mis pensamientos, levantó las cejas esperando mi respuesta, volví mi mirada a la carta y negué lentamente con la cabeza. Su risa no se hizo esperar y sin poderlo evitar me contagió. 

-Un poco de seriedad por favor, o nos van a mirar todas las mesas...- intenté sonar serio mientras seguía leyendo la carta, ella seguía riéndose, más bajito que antes pero seguía, y eso dibujaba una sonrisa en mi cara. Levanté la mirada de la carta y la vi escondida, literalmente, detrás de su carta.

-Creo que no soy tan feo... - una carcajada se escapó de su cuerpo y vi como varios cuellos dieron un giro casi exorcista en dirección a ella.

-Malú, nos están mirando... No te rías...- conseguí decidrle entre dientes mientras luchaba por no reírme yo, poco a poco apaciguó su risa y conseguimos pedir nuestra comida sin que ningún cuello más de esa sala se fracturase por nuestra culpa. 

La comida pasó casi sin darnos cuenta y cuando quisimos acordar teníamos el café encima de la mesa, era increíble poder estar con ella así, fuera, era una sensación diferente más de un curioso miraba de reojo a la mesa pero tampoco estábamos haciendo nada malo, no? Sólo estábamos comiendo como mucha gente lo hace y no pasaba nada. Entendía perfectamente que Malú quisiera mantener la privacidad en su vida y era algo que apoyaba, no estaba obligada a nada y por mi parte lo sabía.

-En que piensas?- me preguntó mientras removía su café pausadamente, sonreí no lo podía evitar estaba realmente contento.

-En ti...- una tímida sonrisa se dibujó en su rostro mientras agachaba la mirada de nuevo al café y un ligero rubor cubría sus mejillas.

-Que idiota eres... En serio, en que pensabas?- me encogí ligeramente de hombros mientras volvía a mirar a sus ojos.

-De verdad que es en ti, para mi es muy importante esto que has hecho hoy, el hecho de estar aquí contigo me hace inmensamente feliz.- su sonrisa iluminó todo el restaurante y a mi no me quedó de otra que admirarla.

-Diego, quiero que entiendas que de verdad te quiero... Que aunque antes lo haya hecho mal quiero que esto salga bien de verdad, porque me haces muy feliz. Me gustaría poder demostrarte la felicidad que me das, para que tú mismo te dieras cuenta de lo bueno que resultas para la gente.- el tono de sinceridad en sus palabras y la intensidad en su mirada me hizo entender la verdad con la que me hablaba, sonreí y me aguanté las inmensas ganas que me dieron de pasar de todo el mundo ahí presente y besarla. 

-"Que si pudiera te besaba ay aquí y ahora"- entonó muy bajito la frase de la canción de su amiga Vanesa Martín, no pude evitar reírme ante su ocurrencia y ella no tardó en unirse.

Salimos del restaurante, hacía bastante frío y por ese motivo Malú decidió correr hasta el coche que estaba aparcado bastante lejos, aligeré el paso para no quedarme atrás y porque de verdad tenía frío. Vi como se montaba en el coche y arrancaba, para poner la calefacción pensé, pero cuando me iba acercando al coche ella iba acelerando sin dejarme montar, la vi reírse a pleno pulmón desde el coche, negué con la cabeza divertido, ella y sus ocurrencias... Tras varios intentos y una carrera detrás del coche conseguí montarme.

-¿A que ya no tienes frío?- la miré divertido mientras trataba de recuperar el aliento por la carrera a la que me había visto obligado a hacer detrás del coche.

-Definitivamente Malú, estás loca...- reí mientras me abrochaba el cinturón de seguridad.

-"Dime, dime, dime si estoy loca..."- volvió a cantar, esta vez un trocito de su conocida canción, no podía parar de reír, la veía muy contenta y eso me hacía feliz a mi.

-Estás fatal, deberías mirártelo, en serio.- siguió riendo mientras poníamos camino a casa.

Llegamos a su casa y se tiró en el sofá a la vez que se quitaba los tacones, me miró sonriente mientras quitaba sus piernas para que me sentase a su lado, no pude evitar sonreír. Me senté y ella acomodó sus piernas encima de mi mientras reía de manera graciosa.

-Y ahora de que te ríes?- pregunté mientras la miraba de manera curiosa.

-Es que eres muy mono...- me reí por la voz que puso para decirme eso y ella se reincorporó en el sofá quedándose a sólo unos centímetros de mi boca. Dejé de mirar momentáneamente esos labios que me volvían loco y centré mi vista en sus ojos, de un marrón oscuro que parecían dos fuentes de chocolate. Vi como sus labios se iban curvando en una preciosa sonrisa a la vez que recortaba los pocos centímetros que separaban a nuestros labios. Un beso dulce, tranquilo, con el que me causaba cosquillas por dentro, enredó sus manos en mi pelo y tiró ligeramente de el, volviéndome más loco si cabe. Cuando la maldita necesidad de respirar se hizo presente cortó el beso y apoyó su frente en la mía, seguía manteniendo los ojos cerrados, no pude esconder la sonrisa que se dibujó en mi cara.

-¿Te apetece ver una peli?- me dijo y puso esa cara, a la que es imposible decirle que no así que yo como cualquier mortal acepté su propuesta.

-Vale, eliges tú supongo.- asintió sonriente mientras se levantaba del sofá.

-Supones bien, voy a cambiarme!- recogió sus tacones del suelo y salió del salón. 

-Haz palomitas!- me gritó ya desde las escaleras, ¿palomitas? Si practicamente acabamos de comer, negué divertido y fui a la cocina a hacer las palomitas. Busqué en varios muebles pero no las encontraba, así que decidí ir a mi casa a por ellas. 

Aproveché y me cambié yo también de ropa a algo más cómodo, en lo que sacaba las palomitas del microondas sonó el timbre de mi casa así que corrí a abrir antes de que se quemasen las palomitas. 

-No tienes escapatoria, sé donde vives...- intentó usar un tono de voz mucho más grave que el suyo y estalló en una carcajada a la que irremediablemente me uní. 

-Si la señorita quiere palomitas y en su casa no hay, pues habrá que buscarlas.- saqué las palomitas del microondas y las puse en un bol.

-Venga que ya tengo la mantita preparada!- volvimos a su casa y nos pusimos a ver la película, y puesto que había elegido ella no podía ser otra sino "Dirty Dancing". 
 
Terminó la película y nos dimos cuenta de que había empezado a llover, así que decidimos seguir vegetando durante el resto de la tarde, hablábamos de cosas sin importancia hasta que vi una foto que para mi sntes había pasado desapercibida. Era Malú con una niña pequeña sobre su regazo. 
-Malú, una pregunta, ¿quién es esta niña?- no quería parecer un cotilla pero es que la niña era preciosa.
-Es mi ahijada, Carla, la hija de mi amiga Vero.- ella ante mi cara, me explicó.- A Vero no la conoces, bueno quizás la pudiste ver en el concierto de Barcelona pero no creo que te fijases. Ella es una de mis mejores amigas, es alguien muy importante para mí la verdad... Es más llevo su inicial tatuada junto con las de mi familia.- sonreí mientras ella me seguía hablando de su amiga, por lo que me contaba estaba más o menos como ella en cuanto a locuras y se notaba que la quería mucho. Sonó el timbre interrumpiendo su relato.

-Vaya, que raro... ¿Quién será?- dijo mientras se encaminaba hacia la puerta. 

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